El recargo seguirá aplicándose al 46% de las exportaciones no petroleras ecuatorianas hacia ese mercado, según Fedexpor. Camarón, brócoli y varias presentaciones de atún permanecen entre los sectores expuestos.
La reciente decisión de Estados Unidos de renovar una sobretasa arancelaria del 10% para una parte de los productos ecuatorianos preserva una pequeña ventaja frente a competidores regionales, pero mantiene la presión sobre sectores clave y podría reducir exportaciones, actividad económica y recaudación tributaria, según representantes de los exportadores y analistas consultados por Ecuador Chequea.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, conocida como USTR, anunció el 23 de julio la imposición de aranceles adicionales a 60 socios comerciales. La medida comenzó a regir el 24 de julio. Para Ecuador, el recargo continúa en 10%, aunque cambia su fundamento jurídico: terminó la sobretasa temporal establecida por la Sección 122, relacionada con la balanza de pagos estadounidense, y entró en vigor una tarifa bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974.

La investigación de la USTR examinó si cada país cuenta con una prohibición efectiva para importar bienes elaborados con trabajo forzoso y si hace cumplir esa prohibición. En el caso ecuatoriano, Estados Unidos determinó que existe un régimen, pero que no se aplica de manera efectiva. Ecuador recibió la tarifa del 10% por su compromiso de reforzarlo mediante el acuerdo comercial bilateral.
Así, la USTR ubicó a Ecuador en la tarifa más baja del nuevo esquema por los compromisos asumidos en el Acuerdo de Comercio Recíproco firmado con Estados Unidos. Colombia, Perú, Chile, Costa Rica y República Dominicana quedaron sujetos, en términos generales, a una sobretasa del 12,5%, es decir, 2,5 puntos porcentuales más que Ecuador.
Xavier Rosero, presidente de la Federación Ecuatoriana de Exportadores, Fedexpor, dijo que para la mayoría de los productos las condiciones no cambiaron respecto del régimen vigente antes del 24 de julio.
“En general, las condiciones para la mayoría de los productos de exportación no han cambiado”, señaló Rosero. Agregó que flores, elaborados de madera y determinadas variedades de aceite de palma obtuvieron un tratamiento de exclusión que puede mejorar su acceso al mercado estadounidense.
En un documento técnico publicado tras el anuncio de la medida, Fedexpor estima que, al considerar las exenciones generales y las concedidas específicamente a Ecuador, el 54% de las exportaciones no petroleras hacia Estados Unidos quedará libre de la nueva sobretasa. El 46% restante continuará pagando el recargo del 10%. La organización contabilizó 151 códigos arancelarios en la lista particular de exclusiones para Ecuador.

Entre las excepciones generales constan productos como banano y plátano frescos, cacao en grano y café instantáneo. El listado específico para Ecuador incluye rosas y otras flores, aceite de palma, madera contrachapada, tableros de madera tropical y corcho, entre otros bienes. El anexo oficial estadounidense confirma la existencia de exclusiones particulares por código arancelario para productos ecuatorianos.
Una ventaja que no elimina los problemas de acceso
Rosero consideró que la diferencia frente a los competidores regionales ofrece cierto margen, aunque no cambia de forma sustancial la capacidad de competir.
“Si bien no es una diferencia muy significativa, en alguna medida permite que nuestros productos tengan un espacio adicional de ventaja”, afirmó.
La ventaja tampoco es uniforme. Depende del arancel ordinario que ya pagaba cada producto, del país competidor y de sus acuerdos comerciales con Estados Unidos. Un bien ecuatoriano puede enfrentar el 10% adicional y, al mismo tiempo, un arancel de nación más favorecida. En cambio, un producto de un país con acuerdo comercial podría estar exento del arancel ordinario, aunque soporte una sobretasa similar.
Fedexpor identifica al camarón, el brócoli y distintas presentaciones comerciales de atún entre los productos para los cuales Ecuador debería buscar mejores condiciones. El camarón, por ejemplo, conserva una ventaja relativa frente a países gravados con el 12,5%, pero sigue afrontando un costo adicional al ingresar a Estados Unidos.
“Es importante que podamos seguir centrando nuestra estrategia de fomento para productos como camarón, brócoli y atún en lata, que no se encuentran incorporados dentro de las exclusiones de la sobretasa”, dijo Rosero.
El impacto fiscal será indirecto y todavía no está cuantificado
Jaime Carrera, director del Observatorio de la Política Fiscal, advirtió que el recargo puede elevar los precios en el mercado de destino, reducir la demanda de bienes ecuatorianos y afectar la actividad económica interna.
“Es posible que las importaciones de esos productos en Estados Unidos o las exportaciones ecuatorianas se reduzcan y, por tanto, haya un impacto en la economía y en los ingresos fiscales”, señaló.
El efecto sobre las cuentas públicas no proviene de que Ecuador cobre o pierda directamente el arancel, pues el gravamen se recauda en Estados Unidos. El riesgo fiscal aparece si las empresas ecuatorianas venden menos, reducen sus utilidades, frenan inversiones o disminuyen sus compras y contrataciones locales.
“Ecuador pierde dinamismo, hay menos ingresos para el fisco y, en general, se afecta toda la actividad económica”, dijo Carrera.
Según el analista, una menor circulación de recursos puede reflejarse en una reducción de la recaudación del impuesto al valor agregado y del impuesto a la renta de las empresas. Sin embargo, reconoció que no existe información suficiente para asignar una cifra concreta al posible impacto.
“Establecer un impacto claro y cuantificarlo no es posible”, afirmó. La magnitud dependerá, entre otros factores, de cuánto del arancel absorban los exportadores, cuánto trasladen los importadores estadounidenses al precio final y cómo responda la demanda.
Empresas deberán reducir costos o buscar otros mercados
Jorge Calderón, analista económico, señaló que el arancel obliga a revisar costos a lo largo de las cadenas productivas y a acelerar la diversificación de destinos.
“Es un aumento de costos al momento de introducir un producto al mercado estadounidense”, dijo. “Eso conlleva a mejorar las condiciones de competitividad y ver en qué parte de la cadena productiva podemos reducir costos para compensar ese 10%”.
Calderón añadió que las empresas deberán buscar mercados alternativos para colocar la producción que eventualmente pierda espacio en Estados Unidos. En el caso del camarón, recordó que las exportaciones consiguieron crecer durante 2025 pese a los gravámenes que ya afectaban al sector.

