Durante los procesos electorales, la conversación pública no suele organizarse en torno a propuestas o cifras sino alrededor de las emociones. El miedo, la esperanza, la indignación o el orgullo funcionan como catalizadores del debate y determinan qué mensajes ganan visibilidad, cuáles se comparten y cuáles se olvidan. Esta dinámica está documentada en estudios académicos de distintos continentes y coincide con lo que Ecuador Chequea encontró al monitorear la conversación digital durante el Referéndum y Consulta Popular de noviembre de 2025. A meses de las elecciones Seccionales 2026, entender ese mecanismo, y no solo detectar el dato falso puntual, es parte de la tarea de verificación.
¿Por qué las campañas apelan a la emoción?
En contextos de alta polarización, las emociones pueden impulsar tanto la participación cívica como la circulación de mensajes engañosos. Las ciencias cognitivas han demostrado que el cerebro tiende a procesar primero los estímulos emocionales antes que los racionales, porque estos activan respuestas automáticas de identificación o rechazo. Esto no implica irracionalidad, sino una respuesta adaptativa que equipos de campaña, actores políticos y usuarios con influencia en redes aprovechan para ampliar el alcance de sus mensajes.
Esta dinámica se apoya en sesgos cognitivos conocidos: el sesgo de confirmación (se comparte más lo que coincide con creencias previas), el sesgo de disponibilidad (se percibe como más importante lo que se repite con frecuencia) y el sesgo del miedo (el contenido que genera temor o amenaza produce más interacción que los mensajes neutros).
Lo que dice la evidencia científica
La falsedad viaja más rápido cuando incomoda. El estudio más citado sobre este fenómeno es el que Soroush Vosoughi, Deb Roy y Sinan Aral, del MIT, publicaron en la revista Science en 2018. Analizaron 126.000 historias difundidas en Twitter entre 2006 y 2017 y encontraron que los contenidos desinformativos se difunden más lejos, más rápido y a más personas que las verdaderas, un efecto más marcado en la desinformación política que en cualquier otra categoría. La explicación emocional fue clave: los contenidos falsos generaban en las respuestas más miedo, asco y sorpresa, mientras que los verdaderos despertaban anticipación, tristeza, alegría y confianza.
La ira, en particular, acelera la viralidad, así se observó en un estudio publicado en 2022 en la revista Frontiers in Physics, que analizó datos de Twitter y de la red china Weibo, encontró que las noticias falsas contienen sistemáticamente más ira y menos alegría que las verdaderas, y que ese componente de ira explica en buena parte por qué se comparten más. Los investigadores calcularon que un aumento del componente de ira en un contenido, junto con una reducción equivalente de alegría, se traduce en varios retweets adicionales por publicación.
Aunque las emociones –especialmente las negativas– juegan un gran papel, no toda emoción negativa funciona igual. Una investigación en psicología política de la Universidad de Washington en San Luis (WashU) distingue el rol de cada emoción: es la ira, más que el miedo, la que produce cambios abruptos en las posturas políticas de las personas, un hallazgo relevante para explicar por qué ciertos contenidos indignantes logran mover la opinión pública con más fuerza que los que solo alarman.
Este es un patrón que se repite en elecciones recientes de la UE y EE.UU. Un análisis de contenido de 622 piezas de desinformación electoral, verificadas por 52 agencias de fact-checking en 20 países de la Unión Europea y por PolitiFact en Estados Unidos, encontró que el 65,5% tenía una fuerte carga emocional, con predominio de emociones negativas, sobre todo ira y miedo, usadas para polarizar y erosionar la confianza institucional. La proporción fue más alta en Estados Unidos (80,7%), donde la polarización bipartidista y la personalización de las campañas amplifican el tono emocional de los mensajes.
Un análisis del proyecto europeo PLEDGE sobre la desinformación sostiene que, cuando una sociedad atraviesa un estado de vulnerabilidad emocional —como ocurrió tras el desastre de las inundaciones DANA en España en 2024—, las campañas de desinformación explotan deliberadamente emociones como la indignación o la frustración para erosionar la confianza en las instituciones. El mismo análisis documenta cómo, en las elecciones generales húngaras de 2026, la conversación digital estuvo marcada por un llamado emocional que pesó más que los datos objetivos. Entonces, cuando de desinformación se trata, las crisis y el miedo colectivo son terreno fértil.
Un artículo académico publicado en 2024 advierte que buena parte de la investigación sobre emociones y desinformación no distingue entre el estado de ánimo previo de quien lee una noticia y la emoción que el propio contenido provoca, dos factores que pueden actuar de forma distinta sobre la capacidad de reconocer una noticia falsa.
En este contexto, investigadores del Instituto de Ciencias de la Información de la Universidad del Sur de California (USC) sostienen que el poder de la desinformación no está en su contenido fáctico, sino en la respuesta emocional que provoca: un mensaje que genera indignación, ira o sensación de injusticia puede volverse viral sin importar si es verdadero, lo que explica por qué corregir solo el dato, sin atender la emoción que lo hizo viral, suele tener un efecto limitado.
Lo que mum y Consulta Popular 2025
Entre el 1 y el 13 de noviembre de 2025, Ecuador Chequea monitoreó más de 2.500 publicaciones en X con alto nivel de interacción sobre las cuatro preguntas del Referéndum y la Consulta Popular. El volumen total de interacciones superó las 350.000, con un crecimiento del 94% respecto a la semana anterior, impulsado por el arranque oficial de la campaña, encuestas presenciales y movilizaciones sociales.
La metodología combinó detección automática de palabras clave como «miedo», «traición», «cambio» o «YA», con revisión manual de una muestra representativa, y permitió clasificar cada publicación por tema, postura (SÍ o NO) y hasta dos tonos emocionales.
El primer hallazgo fue de polarización: el 62% de los mensajes fue crítico con el Gobierno y sus propuestas, y solo el 38% expresó respaldo. Ese mismo desbalance se repitió en el terreno emocional: predominaron los sentimientos negativos (62%), en especial el miedo y la indignación frente a los posibles efectos de una nueva Constitución, mientras que el bloque del SÍ movilizó más mensajes de urgencia y esperanza.
Por tema, la propuesta de convocar una Asamblea Constituyente fue la más polémica, seguida por la autorización de bases militares extranjeras. Las narrativas se organizaron así:
Un dato relevante para entender el peso de la emoción sobre el dato: aunque las encuestas publicadas hasta el 6 de noviembre mostraban una mayoría a favor del SÍ en al menos dos preguntas (reducción de asambleístas y Asamblea Constituyente), la conversación en X estuvo dominada por narrativas contrarias al Gobierno centradas en la defensa de derechos ya adquiridos. Es decir, la plataforma amplificó las emociones de miedo e indignación con más fuerza que la tendencia que reflejaban las encuestas, un recordatorio de que X refleja las narrativas más amplificadas, no necesariamente la opinión mayoritaria ni el resultado electoral.
¿Por qué importa de cara a las Seccionales 2026?
El patrón que muestran los casos internacionales y el propio monitoreo del Referéndum 2025 es consistente: la desinformación electoral no suele venderse como un argumento, sino como una emoción. Comprender esto ayuda al público a distinguir entre una emoción legítima frente a un hecho político y una manipulación emocional diseñada para desinformar o polarizar.
Fuentes
- Ecuador Chequea (2025). ¿Cómo las emociones moldean el debate digital sobre la Consulta Popular? — https://ecuadorchequea.com/emociones-consulta-debate-desinformacion/
- Vosoughi, S., Roy, D., & Aral, S. (2018). The spread of true and false news online. Science, 359(6380), 1146-1151. — https://www.science.org/doi/10.1126/science.aap9559
- Chuai, Y. & Zhao, J. (2022). Anger can make fake news viral online. Frontiers in Physics, 10. — https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fphy.2022.970174/full
- Washington University in St. Louis / The Source (2025). Research shows anger, not fear, shifts political beliefs. — https://source.washu.edu/2025/10/research-shows-anger-not-fear-shifts-political-beliefs/
- ScienceDirect (2026). Disinformation and emotions in the 2024 European Parliament and US presidential elections. — https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2590291126000665
- PLEDGE Project (UVEG Team). Fear, anger and uncertainty: when disinformation feeds on emotions in natural disasters (incluye caso Hungría 2026 y DANA Valencia). — https://www.pledgeproject.eu/fear-anger-and-uncertainty-when-disinformation-feeds-on-emotions-in-natural-disasters/
- PMC / NIH (2024). Emotions in misinformation studies: distinguishing affective state from emotional response. — https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11656008/
- USC Today (2024). Trust in voting: How misinformation threatens democracy (entrevista a Kristina Lerman, USC Information Sciences Institute). — https://today.usc.edu/trust-in-voting-how-misinformation-threatens-democracy/
- Reuters Institute for the Study of Journalism (2025). Generative AI and elections: why you should worry more about humans than AI systems. — https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/news/generative-ai-and-elections-why-you-should-worry-more-about-humans-ai-systems

