Estudiantes vuelven a clases y enfrentan cambios de sueño, adaptación emocional y preocupaciones de seguridad en escuelas y colegios.
Tres de cinco estudiantes consultados por Ecuador Chequea esta mañana en colegios de Quito dijeron que querían dos cosas al mismo tiempo: volver a clases y seguir durmiendo un poco más como en las vacaciones.
Hoy jueves se completó, precisamente, el retorno “escalonado” a clases de 1,7 millones de estudiantes, alrededor de 100.000 docentes y más de 6.000 instituciones de las provincias de la Sierra y Amazonía, según datos del Ministerio de Educación.

Entre risas, contaron que después de las vacaciones les costó volver a despertarse temprano. Dijeron que ya estaban cansados de pasar tanto tiempo en casa y que querían reencontrarse con sus compañeros. Aun así, cuando sonaba la alarma, o sus padres les pedían levantarse, deseaban dormir “aunque sea unos minutitos más”.
Un cuarto estudiante dijo que el regreso a clases le resultó más fácil. Durante las vacaciones había adquirido la costumbre de madrugar para salir a trotar, por lo que el cambio de horario no fue significativo.
Aarón, de 16 años, el quinto estudiante consultado, tampoco sintió un cambio brusco porque asistió a un curso vacacional. “Luego de las ‘vacas’ no tuve mayores problemas para volver a clases. Todo estuvo muy bien, no hubo problemas ni nada”, contó. “Para mí, el principal cambio solo fue que se añadió un año más, un horario más”, agregó.

Andrea Echeverría, madre de dos niños de 10 y 4 años, en cambio, contó que enfrentó la readaptación mirando el reloj. En vacaciones, dijo, sus hijos podían acostarse a las 9 o 9:30 de la noche, pero con el reinicio de clases acordaron volver a dormir a las ocho de la noche.
“Creo que es bastante complicado volver a retomar la rutina de clases. El hecho de acostarse más temprano, levantarse más temprano, y pues ya empezar a ocupar las tardes para hacer tareas”, explicó luego de estimar que su familia necesitará alrededor de un mes para recuperar por completo el ritmo.

“Ellos se sienten contentos de volver a las aulas, sus compañeritos”, dijo. Para ella, en cambio, la ausencia durante buena parte del día también se siente: “Nos hace falta la presencia de los niños”.
Consultada sobre estos testimonio, Gloria Elizabeth Arias Vivanco, rectora de la Unidad Educativa Municipal Sebastián de Benalcázar, comentó que “eso es normal, generalmente en mis pequeñitos de primaria eso es normal, entendible”, dijo. Las vacaciones, explicó, permiten dormir más y levantarse más tarde, por lo que el retorno “requiere un proceso” que puede ir superándose poco a poco con acompañamiento docente.

Volver también es reencontrarse
“La alegría de los niños, de volverse a reencontrar con sus compañeros, con sus amigos” marca el comienzo de clases, agregó Arias. En su establecimiento, explicó, se deja espacio para que los estudiantes se integren y para efectuar después un diagnóstico de habilidades, conocimientos y prerrequisitos antes de avanzar con las exigencias del nuevo ciclo.
Así, la rectora explicó que con la ayuda del Departamento de Consejería Estudiantil, DECE, la institución brinda un acompañamiento en tres dimensiones, emocional, académica y pedagógica.

UNICEF Ecuador recomienda, precisamente, que las escuelas, antes de centrarse exclusivamente en nuevos contenidos, observen cómo están los estudiantes, escuchen preocupaciones y permitan que recuperen progresivamente la rutina de aprendizaje. El conjunto de recomendaciones se puede consultar en este link: https://www.unicef.org/ecuador/historias/regreso-clases-8-formas-en-las-que-los-docentes-pueden-apoyar-la-salud-mental-de-sus
En su portal oficial, UNICEF Ecuador incluye precisamente entre sus orientaciones para el retorno, conversar con los hijos sobre cómo se sienten, organizar los horarios familiares y reconstruir rutinas de sueño. Un “creck list” de recomendaciones del organismo sobre este tema lo puede encontrar en este otro link: https://www.unicef.org/ecuador/checklist-de-regreso-clases-en-ecuador-todo-lo-que-debes-preparar

Laura Cassagne, psicóloga comentó que es importante mirar lo que ocurre detrás de los cambios visibles en los niños, adolescentes escolares y sus familias durante el período de transición entre vacaciones y el inicio de clases. Así, explicó que durante las primeras semanas pueden aparecer ansiedad, preocupación, irritabilidad, alteraciones del sueño, resistencia a recuperar horarios o temores relacionados con profesores, compañeros y exigencias académicas.

“No se trata solo de preparar la mochila, sino prepararnos para afrontar esta nueva etapa mental y emocionalmente”, resumió Cassagne luego de explicar que la adaptación no es idéntica a los 6 años que a los 16.
En los niños pueden pesar la separación de sus cuidadores, el ingreso a un ambiente nuevo, las tareas y el reencuentro social. Durante la adolescencia se suman la necesidad de pertenecer, la construcción de identidad y autonomía, la presión del grupo, la imagen personal, las relaciones afectivas, las expectativas familiares y académicas y la comparación constante que pueden introducir las redes sociales.
Por eso Cassagne recomienda no esperar al primer día para alterar de golpe todos los horarios. Plantea recuperar progresivamente sueño y alimentación, permitir que niños y adolescentes participen en la preparación de sus útiles y abrir conversaciones más específicas sobre su experiencia.
En lugar de quedarse únicamente con ¿cómo te fue?, Cassagne propone preguntar qué disfrutaron, qué les incomodó o qué situación les produjo preocupación. Y, si un niño responde que no quiere asistir, aconseja no borrar inmediatamente esa emoción con un “no pasa nada”, sino reconocer primero que volver o enfrentar algo nuevo puede generar miedo o nerviosismo.
Sobre este tema, en enero anterior, el Ministerio de Educación socializó en Quito una Guía Práctica de Acompañamiento Socioemocional con docentes, autoridades y profesionales de los Departamentos de Consejería Estudiantil, DECE, para reforzar capacidades de identificación de situaciones, interpretación de señales, comprensión de reacciones y detección de cambios en estudiantes.
La seguridad también entra al aula
La readaptación de este año no ocurre fuera del contexto de inseguridad que vive Ecuador, recordaron, consultados por Ecuador Chequea, Fernando Cornejo, psiquiatra e investigador de temas sociales; Francisco Cevallos, integrante del Observatorio de Niñez, Adolescencia y Juventud, ONAJ, y Andrés Quishpe, dirigente de la Unión Nacional de Educadores, UNE.
Los tres coincidieron en que para poder aprender y reconstruir una rutina, niños y adolescentes necesitan también espacios protectores dentro y fuera de la escuela.
“Los grupos de delincuencia organizada tienen ya a los niños, niñas y adolescentes dentro de sus objetivos para reforzar las filas de estos grupos. Por lo tanto, lo que necesitamos es fortalecer este espacio como un espacio seguro”, dijo Cevallos tras expresar su preocupación de que las estructuras criminales busquen a niños y adolescentes allí donde desarrollan sus actividades diarias en amplias zonas empobrecidas.

Así, dijo, que este fenómeno no se puede generalizar, pero que el riesgo de reclutamiento sí aumenta donde coinciden presencia de organizaciones criminales y economías ilegales vinculadas, por ejemplo, con narcotráfico, trata de personas o minería ilegal. Además, recordó la responsabilidad del Estado de que la protección no puede detenerse en quienes consiguieron volver al aula: también deben ser atendidos los niños y adolescentes que permanecen fuera del sistema educativo.
Cornejo indicó que para enfrentar el problema de reclutamiento es necesario utilizar escuelas, colegios y otros espacios comunitarios para actividades deportivas, artísticas, culturales y de refuerzo académico luego de las horas habituales de clases.

“La presencia del Estado es la única que permite garantizar que otros espacios no se llegan a meter”, sostuvo Cornejo tras relacionar una mayor vulnerabilidad con situaciones en las que padres y madres pasan muchas horas trabajando o buscando ingresos y los estudiantes quedan sin acompañamiento tras la jornada.
Por ahora, consultada sobre las iniciativas de seguridad, Arias explicó que semantiene brigadas de seguridad durante entradas y salidas, participación de padres de familia y guardianía financiada por el Municipio.
Cuando se le preguntó si había preocupación por la seguridad, respondió: “No hay preocupación, lo que hay que hacer es prevención, que es muy diferente”. “La educación no la hacemos solos”, dijo al mencionar la corresponsabilidad de docentes, familias y estudiantes.
Quishpe, en cambio, dijo que la UNE reclama una declaratoria de emergencia educativa y planes de seguridad diferenciados por territorio acompañados de políticas sociales e inversión. Así, recordó el Plan Nacional Escuelas Seguras de 2022, que priorizó 220 instituciones, pero para su segunda fase, en 2026, el Gobierno ya reportó 450 instituciones a escala nacional; 207 están en Guayas.
Quishpe interpreta el aumento de planteles priorizados como un indicador de deterioro de la seguridad. “No debería alegrarnos que se duplique el número de planteles, sino debería preocuparnos”, dijo, y advirtió contra una respuesta que, a juicio del gremio, dependa excesivamente del componente policial.
En este sentido también criticó los anuncios que dió el gobierno en pleno inicio del año, como una novedad, de que la policía podrá revisar mochilas de los estudiantes con previa coordinación de las autoridades de los planteles. Esto, ya que el Acuerdo Ministerial MINEDUC-MINEDUC-2025-00038-A, publicado en septiembre de 2025, ya autorizaba el ingreso excepcional de policías con orden judicial, ante delitos flagrantes, para impedir una infracción penal, auxiliar a víctimas en peligro o responder ante una situación de peligro cierto para integrantes de la comunidad educativa.

