Estados Unidos presiona al Vaticano: ¿cuáles son los límites del poder?

En un incidente reportado por el Pentágono, el embajador de la Santa Sede en Estados Unidos ha sido convocado para solicitarle que “interceda en la alineación” de la Iglesia a los intereses de Washington. Yo leo este acontecimiento como el registro más alto de una fractura entre poder y conciencia.

La historia, como advertía Ernst Gombrich, es el relato de cómo los seres humanos han intentado dar sentido a su tiempo. Por eso Clío, su musa, enseña que las crisis verdaderamente profundas no tienen sentido político, sino moral. Donald Trump se declara cristiano. Pero la identidad religiosa no se proclama, sino que se encarna. El cristianismo —en su forma histórica y doctrinal— no es una retórica de poder, sino una ética del límite. Es la afirmación radical de que ninguna autoridad terrenal es absoluta. Por tanto, la pretensión de subordinar a la Iglesia a los intereses estratégicos de un Estado, invocando su poder militar como argumento, no solo contradice esta tradición, sino que la niega rotundamente.

Yo soy profesor de Relaciones Internacionales. Me especializo en geopolítica, teoría de la paz y conflictos armados. Pero también soy un humanista. Intento vincular a las humanidades (literatura e historia) a mis análisis. Yo nací en esta América morena. Como americano entiendo, que el cristianismo ha sido junto con la tradición greco-romana y la Ilustración, uno de los pilares constitutivos de nuestra Civilización Occidental. Por eso pienso que, más allá de nuestras consideraciones religiosas personales, someter a nuestro sistema de valores al cálculo político, implica erosionar el delicado equilibrio que ha permitido la emergencia de nociones como la dignidad humana y el bien común.

Así que, si usted respetado lector gusta de la historia, repase conmigo esta y otras lecciones que la maestra de vida nos ha dejado: cuando el poder no reconoce instancia superior, degenera en absolutismo. Por eso solo el orden moral puede limitar al poder. Pero la administración Trump-Vance con su lenguaje, cercano a una forma de estatolatría, sugiere que la fuerza precede al derecho y a la razón.

Gombrich nos recordó que la historia es frágil porque es en última instancia, una construcción de la memoria y del espíritu. Olvidar que el poder debe inclinarse ante la ley moral no es solo error político, es el primer paso hacia la disolución de aquello que la historia ha llamado durante siglos civilización.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/a y no reflejan la postura editorial de Ecuador Chequea.

Pablo Begnini
Pablo Begnini
Director académico de Relaciones Internacionales de la Universidad Hemisferios en Quito. Historiador. Profesor investigador de paz y conflicto, geopolítica y asuntos humanitarios. Redes: X: @begnini IG:@pablo.begnini

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