Ensayo de opinión: Ecuador tiene música, pero ¿tiene industria?

De expresión cultural a motor económico: reflexiones actuales sobre el sector musical en Ecuador.

La afirmación de que Ecuador no tiene artistas musicales que “peguen” es falsa. No es que no suenen, es que aun no existe una cultura musical en materia económica en el país. Esto significa que al mercado creativo, como el musical, todavía le cuesta transformar ideas y melodías en valor económico. Y esto seguirá ocurriendo hasta que todos quienes conforman este sector, desde artistas, productores, organizaciones, sociedad civil, gobierno y consumidor entiendan que la industria musicial no es un sector marginal, sino un sector productivo, capaz de generar empleo, inversión y posicionamiento internacional.

A nivel Latinoamerica, las industrias creativas representan alrededor del 3% del PIB regional. En Ecuador, particularmente, el 89,3% de ecuatorianos escucha música y desde el 2020, el sector ha generado aproximadamente de 13 a 14 millones dólares por año según centros de desarrollo regionales. Sin embargo, su aporte al PIB apenas alcanza entre el 1,3% y el 2%. Es decir, el mercado existe, el consumo está presente, pero todavía no existe un sistema capaz de capturar y escalar ese valor de manera rentable.

Los motivos pueden ser varios, una baja profesionalización y,  con ello, de su capacidad de  monetización; cultura que depende aun en gran parte del fomento estatal que según cifras de 2023 oscila entre USD 1 a 5 millones de dólares en cultura, pero, sobre todo, un gran problema de fragmentación del ecosistema musical y la necesidad de comprender que la música además de ser un arte, es un negocio.

Sí, exactamente, es un negocio que mueve masas, atráe capital, posiciona la marca país y urge por una reforma estructural.

Por que si miramos a países vecinos, nos encontramos con Shakira como este top-artist que pareciera inalcanzable, pero que en realidad forma parte de una estructura mucho más compleja de lo que pareciera simplemente tener talento. Detrás de una carrera existosa, existe una industria que agrupa editoras que gestionan sus composiciones, sellos discográficos que invierten en producción y distribución,  equipos de management que se encargan de la estrategia global y un marco institucional que permite que cada uso de su música se traduzca en ingresos no solo locales, pero internacionales también.

En Ecuador, los artistas todavía no logran encontrar una vía clara para competir internacionalmente. Muchos de ellos optan por ser artistas independientes, asumiendo simultáneamente roles de creación, producción, gestión, promoción y comercialización que lejos de empoderar, muchas veces, limita el crecimiento. Mientras tanto, los sellos discográficos en el país tienen capacidades limitadas, las editoras musicales aun son escasas por el propio desconocimiento local de su importante rol, y las sociedades de gestión colectiva enfrentan retos importantes en términos de reputación, transparencia y modernización.

Este es un debate importante. En un país con ansias de crecimiento cultural y con mucho talento, el sistema tal y cómo está concebido se queda corto para escalar ese talento.

Vamos con un ejemplo, el caso de Julio Jaramillo resulta ilustrativo para estos fines.  A pesar de ser uno de los cantautores más reconocidos y emblemáticos de nuestro país, cuyas canciones han sido y seguirán siendo reproducidas durante décadas en múltiples países a lo largo del mundo, la gestión de sus derechos ha enfrentado importantes desafíos en la cadena de trazabilidad de regalías.  Si bien en aquella época donde nuestro Riuseñor de América todavía nos acompañaba, las plataformas digitales eran inexistentes y los sistemas de monitoreo de reproducción deficientes, la trazabilidad histórica, sumada a estructuraas débiles en gestión de regalías que aun siguen persistiendo, ha generado pérdidas económicas importantes. Esto evidencia que incluso los catálogos más sonados, pueden quedar subexplotados sin un sistema adecuado que los respalde.

A esto se suma una brecha crítica del entendimiento de los derechos que componen la música. Una canción no es solo un activo, sino que incluye la obra (letra y composición) el máster (grabación o fonograma) y la interpretación de la canción. Cada uno genera derechos distintos, de autor y conexos, y por lo tanto, distitnos ingresos. Sin embargo, en la prácrica, muchos artistas desconocen cómo estructurar y monetizar estratégicamente todos estos coponentes.

Y aquí es donde entran los actores claves del ecosistema.   Mientras las Sociedades de Gestión Colectiva recaudan y distribuyen las regalías derivadas del uso de la música asegurando que el artista cobre cuando su obra suena,  las editoras musicales -publishing- cumplen un rol crucial en la generación de oportunidades, colocando canciones en sincronizaciones, licencias y colaboraciones que incrementen considerablemente su valor económico, sin esperar que la canción sea reproducida para cobrar las regalías, sino viabilizando el uso de la canción para que sea explotada comercialmente. Los sellos discográficos,  por su parte, financian, producen y distribuyen el máster, posicionando al artista en el mercado. No son figuras excluyentes, sino engranajes de un mismo sistema que, cuando funciona de manera articulada con el respaldo normativo e institucional, no solo reparte valor, sino que lo crea.

Hoy Ecuador se encuentra en un punto intermedio, cuenta con mecanismos para recaudar lo que ya suena, pero  lamentablemente aun carece de estrcturas sólidas para expandir ese valor a nivel internacional. El desafío real implica entonces pasar de un modelo reactivo a uno estratégico.

¿Cómo lograr este paso? A través de educación, formando artistas que no solo creen, sino entiendan su negocio desde la propiedad intelectual; mediante el fortalecimiento de sociedades de gestión colectiva impulsando su modernización y  credibilidad del sector;  con incentivos reales a la inversión privada para el desarrollo de talento y la construcción de infraestructura musical, especialmente digital; y, finalmente políticas públicas que trasciendan el enfoque local, orientándose no solo al consumo nacional para nacionales, sino a la creación de rutas efectivas de exportación de la música ecuatoriana hacia el mundo. 

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/a y no reflejan la postura editorial de Ecuador Chequea.

Carolina Castillo
Carolina Castillo
Abogada corporativa, CEO de HAYU y mediadora, con más de ocho años asesorando empresas globales en su crecimiento y expansión. Integra derecho e industrias creativas con una visión estratégica del entorno político y económico Redes sociales: IG: acarolina_cc X: @Acarolinacc97

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