Comerciantes y analistas ecuatorianos ven una oportunidad para recomponer la relación con Colombia tras meses de tensiones comerciales y diplomáticas. La prioridad es reforzar la cooperación contra el crimen organizado y mantener abierto el comercio y el intercambio eléctrico. La principal alerta: una ofensiva más dura contra los grupos armados colombianos podría desplazarlos hacia territorio ecuatoriano.
Ecuador espera que el gobierno de Abelardo de la Espriella, que inició este viernes en Colombia, abra una etapa de mayor cooperación en seguridad, comercio y energía después de un primer semestre marcado por una escalada arancelaria entre los dos países, opinaron los analistas económico, Jorge Calderón; de relaciones internacionales, Lester Martín Cabrera Toledo; de seguridad, Johana Espín; y, el microempresario y presidente saliente de la Cámara de Comercio de Tulcán, Nelson Cano.
Consultados por Ecuador Chequea, los cuatro especialistas advirtieron que la política de mano dura anunciada por el nuevo mandatario colombiano también podría trasladar parte de la presión criminal hacia la frontera norte de Ecuador. También coincidieron en señalar existe una oportunidad política para reconstruir confianza entre Quito y Bogotá, pero una mejor relación entre los presidentes no garantiza por sí sola resultados en una frontera donde operan grupos armados, economías ilegales y redes de narcotráfico.
Espriella, abogado de derecha, asumió la presidencia de Colombia para el período 2026-2030 tras ganar la segunda vuelta presidencial del 21 de junio con un escrutinio definitivo que le adjudicó 12.960.166 votos, frente a 12.708.312 de Iván Cepeda, una diferencia de 251.854 sufragios.
Joahna Espín, analista especializada en temas de seguridad nacional, dijo que una ofensiva más fuerte dentro de Colombia podría generar lo que en estudios de seguridad se conoce como “efecto globo”, es decir, la presión sobre una actividad ilegal en un territorio puede hacer que esta se desplace hacia otro.
“Si hay un endurecimiento quizás en la estrategia de seguridad podría darse el efecto globo”, dijo Espín. Para Ecuador, agregó, eso obliga a preparar desde ahora una estrategia específica para la frontera norte, reforzar los controles policiales y militares y, sobre todo, intercambiar inteligencia con Colombia antes de que se produzca un eventual desplazamiento del delito.
Esta preocupación tiene un antecedente en el informe que una misión de la Defensoría del Pueblo de Colombia publicó el 10 de junio anterior, que señala que en zonas de Nariño y de la frontera ecuatoriana constató que el conflicto armado, las economías ilegales y la débil presencia estatal continuaban afectando a comunidades de ambos lados.
En este contexto, De la Espriella anunció, el 23 de junio, que Colombia sí se incorporará al Escudo de las Américas y que Medellín albergará la sede colombiana de ese mecanismo.
Espín considera que ese escenario puede ser aprovechado para ir más allá de la cooperación entre Quito y Bogotá. A su juicio, Ecuador debería buscar mecanismos permanentes de intercambio de información entre Ecuador, Colombia y Perú contra el crimen organizado transnacional.
El Ministerio de Defensa de Colombia informó el 1 de marzo, todavía durante el gobierno de Gustavo Petro y casi cuatro meses antes de la segunda vuelta presidencial, del inicio de la llamada Operación Binacional Espejo, que articuló a militares y policías de Colombia y Ecuador contra el narcotráfico y el crimen transnacional.
Así, el ministerio de defensa colombiano que “con el objetivo de contrarrestar el accionar delictivo derivado del narcotráfico y el crimen trasnacional, en las últimas horas, el Ministerio de Defensa Nacional puso en marcha la Operación Espejo, un esfuerzo binacional con el cual las Fuerzas Militares y la Policía de Colombia y Ecuador articularán esfuerzos en contra de esos fenómenos”.
Para Lester Cabrera, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad San Francisco de Quito y especialista en seguridad y geopolítica, el cambio político puede facilitar algo que resulta fundamental entre vecinos: recuperar la confianza y reducir la posibilidad de que una diferencia presidencial termine convertida en una crisis bilateral.
Cabrera considera que la mayor afinidad política entre los gobiernos de Daniel Noboa y De la Espriella podría facilitar acuerdos comerciales, energéticos y de seguridad, pero advirtió contra la expectativa de resultados inmediatos.
“Todo tipo de negociación entre ambos países para regularizar la agenda bilateral no ocurre de la noche a la mañana”, señaló. Algunos acuerdos, agregó, pueden requerir meses y otros, especialmente los relacionados con infraestructura o seguridad, incluso años.
¿Y el comercio tras la guerra de aranceles?
El gobierno de Daniel Noboa impuso temporalmente desde febrero una denominada “tasa de seguridad” a las importaciones colombianas, inicialmente del 30%, bajo el argumento de que Bogotá no hacía lo suficiente contra el narcotráfico y la minería ilegal en la frontera. El gravamen aumentó después al 50% y llegó al 100% en mayo. Frente a esto, el gobierno de Gustavo Petro también respondió con restricciones y aranceles sobre productos ecuatorianos, y, además, suspendió temporalmente las ventas de electricidad.
Tras cuatro meses del inicio de esta disputa, la Comunidad Andina, CAN, ordenó a ambos países desmontar las restricciones arancelarias. Así, el gobierno de Noboa eliminó estos aranceles desde el 1 de junio y Colombia derogó posteriormente buena parte de sus medidas.
En este contexto, según el Banco Central, BCE, del Ecuador, entre enero y abril de 2026, las exportaciones ecuatorianas hacia Colombia sumaron 263,3 millones de dólares, un 6,2% menos que en el mismo período de 2025. En esos cuatro meses, las importaciones procedentes de Colombia disminuyeron 28,1% y Ecuador acumuló con ese país un déficit comercial de 174,3 millones de dólares.
El BCE también informó que en todo 2025 las importaciones procedentes de Colombia alcanzaron 1.908,6 millones de dólares, equivalentes al 6,2% de todas las compras externas ecuatorianas. Así, según el organismo, Colombia fue ese año el tercer proveedor de Ecuador después de Estados Unidos y China
El analista económico Jorge Calderón consideró que se esperaría que la afinidad entre los nuevos gobiernos permita superar los choques del primer semestre. Ecuador, dijo, puede esperar “una colaboración más fluida, más productiva y positiva”, especialmente porque ambos mandatarios han colocado entre sus prioridades la seguridad, el combate al crimen organizado y la actividad económica.
La frontera siente esas decisiones con mayor rapidez que Quito o Bogotá. Nelson Cano, microempresario y presidente saliente de la Cámara de Comercio de Tulcán, dijo que los comerciantes esperan que las diferencias políticas no vuelvan a afectar la vida económica de las ciudades fronterizas.
“Esperamos que se reactiven estas relaciones bilaterales”, afirmó Cano. Su expectativa es que una relación política más estable impulse nuevamente el transporte, el almacenamiento, las operaciones aduaneras, las inversiones y, finalmente, el empleo en Carchi.
Cano describió los meses de conflicto arancelario como un período de fuerte paralización para el comercio fronterizo. Las cifras oficiales obligan a precisar esa afirmación: el intercambio formal no se detuvo por completo, pero sufrió una contracción importante, particularmente del lado de las importaciones ecuatorianas desde Colombia.
Para Tulcán, dijo Cano, la normalización significa también recuperar compradores colombianos provenientes de Ipiales, Pasto y otras ciudades, que consumen en restaurantes, compran ropa y textiles o visitan atractivos como el cementerio de Tulcán. Cano sostiene que ese movimiento empieza a sentirse nuevamente en la economía local.
La energía constituye el tercer frente de la relación y demuestra hasta qué punto los dos países dependen uno del otro en momentos distintos.
Aunque Ecuador ha comprado electricidad colombiana cuando enfrenta déficit de generación, el intercambio funciona en ambos sentidos: durante períodos de abundancia hídrica, Ecuador también vende excedentes a Colombia. En mayo, el Operador Nacional de Electricidad, Cenace, informó que la capacidad ecuatoriana de exportación hacia Colombia podía aumentar de 300 a 460 megavatios.
Y apenas dos días antes de la posesión de De la Espriella, Colombia anunció la reanudación de sus exportaciones eléctricas hacia Ecuador. Esos envíos podrían cubrir más del 8% de la demanda eléctrica ecuatoriana, una muestra de que la interconexión energética continúa siendo estratégica pese a las diferencias políticas.
Cabrera advierte, además, que una política colombiana más agresiva contra estructuras armadas puede tener consecuencias humanitarias que Ecuador no debería ignorar. Los países vecinos, dijo, deberán vigilar posibles movimientos de población, desplazados y personas que busquen refugio si se intensifican las operaciones militares dentro de Colombia.

