Seis medios de Estados Unidos y Reino Unido retiraron artículos publicados bajo un nombre del que no hay registro profesional verificable. Lo que sí quedó probado es que los lugares, las fuentes y los hechos de esos textos eran inventados. El caso destapó decenas de artículos borrados y una pregunta incómoda para cualquier redacción: ¿cómo verificamos a quien nos escribe?
El pacto entre el periodista y el lector es sagrado. Lo que un periodista ofrece es una historia real, cuyos datos, personajes y contextos son íntegros. ¿Qué pasa cuando alguien inventa historias con IA y estas llegan, tan bien camufladas, a salas de redacción y ningún editor se percata de que son inventadas? Esto pasó y me atrevería a decir que pasa con más frecuencia de la que a nosotros –los periodistas– nos gustaría admitir.
Entre abril y agosto de 2025, al menos seis medios de Estados Unidos y Reino Unido, entre ellos Wired, Business Insider, Index on Censorship, SFGate, Cone Magazine y Naked Politics; publicaron textos firmados por Margaux Blanchard, un nombre del que Press Gazette no encontró ningún registro profesional verificable. El engaño se cayó cuando Jacob Furedi, editor del medio británico Dispatch, recibió una propuesta de reportaje sobre Gravemont, un supuesto pueblo minero abandonado de Colorado convertido en campo de entrenamiento forense: el lugar no existe. Al revisar los textos ya publicados, Press Gazette comprobó que las personas citadas como fuentes: con nombre, edad y ocupación; tampoco dejaban huella pública alguna.
Los medios retiraron los artículos y el caso escaló: Business Insider borró después al menos 34 ensayos personales publicados bajo 13 firmas distintas, y meses más tarde se destapó un segundo caso, el de «Victoria Goldiee», donde los expertos citados sí eran reales pero negaron haber concedido esas entrevistas.
Una propuesta demasiado buena para ser cierta
A comienzos de agosto de 2025, Jacob Furedi, editor del medio británico Dispatch, recibió por correo una propuesta de reportaje. Una persona que firmaba como Margaux Blanchard le ofrecía viajar a Gravemont, un pueblo minero abandonado en la zona rural de Colorado, Estados Unidos, convertido —según ella— en uno de los campos de entrenamiento más reservados del mundo para la investigación de muertes.
La propuesta prometía todo lo que un medio de reportaje largo quiere: científicos, expolicías y exmineros que manejan cadáveres a diario, el dilema ético del uso de restos humanos reales en escenarios simulados, la economía en la sombra de la donación de cuerpos. La autora incluso explicaba por qué ella era la persona indicada: decía tener contactos en círculos forenses y experiencia cubriendo sitios de entrenamiento reservados.
Furedi buscó Gravemont en internet y no encontró nada. Preguntó cómo se había enterado del lugar. Ella respondió con una historia detallada y verosímil: lo había escuchado mientras entrevistaba a un patólogo forense retirado, luego había reconstruido el resto con pedidos de acceso a información pública, conversaciones con exaprendices y pistas en materiales de congresos forenses.
Cuando el editor le pidió ver esos pedidos de información pública, ella no respondió a ese punto. Sí respondió, en cambio, cuánto cobraría: unos 670 dólares por pasar entre cinco y siete días en el terreno. Pero Gravemont no existe.
Furedi la confrontó por correo el 15 de agosto de 2025, acusándola de publicar historias fabricadas. Nunca contestó. Días después, el 21 de agosto, la revista especializada Press Gazette publicó la investigación de la reportera Charlotte Tobitt que destapó el caso.
El rastro: seis medios, textos borrados

Press Gazette identificó al menos seis publicaciones de Reino Unido y Estados Unidos que habían difundido textos con esa firma desde abril de 2025. Cada publicación previa servía para lo mismo: acumular antecedentes que hicieran creíble la siguiente propuesta.
- Wired publicó en mayo un reportaje sobre parejas que se casan en espacios virtuales como Minecraft y Roblox. Otros medios lo replicaron. Dos semanas después, Wired lo reemplazó por una nota de edición: tras una revisión adicional, la dirección editorial determinó que el artículo no cumplía sus estándares y fue retirado. Entre las fuentes citadas había una supuesta oficiante de ceremonias digitales en Chicago de la que no hay rastro público.
- Business Insider publicó en abril dos ensayos en primera persona con esa firma, sobre trabajo remoto y maternidad tardía. Ambos fueron retirados dos horas y media después de que Press Gazette consultara al medio. Las páginas quedaron con un aviso que dice que los textos no cumplían los estándares de Business Insider.
- Index on Censorship, organización que defiende la libertad de expresión, publicó en su revista un texto sobre los desafíos de los periodistas en Guatemala. Su vocería dijo a Press Gazette que, tras revisarlo, concluyó que el artículo parecía escrito con inteligencia artificial y que estaba siendo retirado. Añadió una frase que resume el episodio: la organización llevaba tiempo advirtiendo sobre el peligro de que la IA suplante identidades y terminó siendo víctima de aquello contra lo que advertía.
- SFGate, medio de California, publicó un reportaje sobre superfans de Disneyland. Lo retiró después de la publicación de Press Gazette, con un aviso de que quedaba fuera de línea mientras se hacía una investigación interna. Entre las fuentes citadas aparecía una creadora de contenido con supuestos 100.000 seguidores que no fue posible localizar.
- Cone Magazine, dedicado a la escena musical y artística independiente británica, bajó un artículo sobre marcas de ropa urbana pocas horas después de la consulta de Press Gazette. Los dos fundadores de marcas citados en el texto no aparecen en ningún registro público.
- Naked Politics, medio británico dirigido a jóvenes, publicó en mayo un texto sobre salud mental juvenil por el que pagó 75 libras. Primero anunció una revisión interna y luego lo retiró: según su comunicado, el artículo incluía información probablemente falsa o imposible de rastrear atribuida a expertos.
El patrón es el mismo en todos los casos: personas con nombre y apellido, edad y ocupación, citadas entre comillas, que no dejan ninguna huella verificable en internet.
Lo que Wired admitió: el problema no fue solo la IA
Días después de la investigación, Wired publicó su propia explicación. Reconoció que, si alguien debía poder detectar una estafa con IA, era esa revista, y que aun así una se les coló.
Dos detalles de son los que más le sirven a cualquier redacción:
- Primero, la alerta llegó por la plata, no por el texto. Lo que levantó la sospecha fue que la supuesta autora insistiera en cobrar por un método de pago inusual. Press Gazette reportó que esa misma señal se repitió con otros medios.
- Segundo, el filtro que falló fue humano. Wired admitió que el artículo no pasó por un proceso adecuado de chequeo de datos ni por la revisión final de un editor de mayor rango. La IA no rompió el sistema de verificación: se metió por un hueco que ya estaba abierto.
El efecto dominó: 34 ensayos y una segunda firma falsa
El caso no terminó con esos seis textos. En septiembre de 2025, The Daily Beast reportó que Business Insider había eliminado silenciosamente al menos 34 ensayos personales publicados bajo 13 firmas distintas, después de investigar internamente a raíz del caso. Todos fueron reemplazados por el mismo aviso de una línea. Se trataba de textos en primera persona, un formato por el que ese medio paga entre 200 y 300 dólares y que depende casi por completo de la confianza en quien firma: si la vivencia es inventada, no hay dato externo que la contradiga.

Meses después apareció un segundo caso. Nicholas Hune-Brown, editor ejecutivo del medio canadiense The Local, sospechó de una propuesta demasiado pulida firmada por Victoria Goldiee. Al revisar sus textos publicados, encontró algo distinto y más grave: además de fuentes inexistentes, había citas atribuidas a expertos reales que aseguraron no haber hablado nunca con esa periodista. Medios como The Guardian, Dwell, Outrider y la revista del Colegio de Abogados de Escocia retiraron o corrigieron esos textos.
En el primer caso las fuentes eran ficticias; en el segundo, las personas existían y fueron citadas diciendo cosas que nunca dijeron.
¿Qué están haciendo las redacciones?
Tras estos episodios, el Reuters Institute for the Study of Journalism consultó a 45 periodistas independientes y editores sobre cómo la IA generativa está cambiando su trabajo. De ahí y de los propios medios afectados salen prácticas que ya se están aplicando:
- Pedir borradores anotados. The Local incorporó la exigencia de que los autores entreguen versiones con notas y respaldos del proceso de reporteo.
- Compartir el historial de versiones. Periodistas independientes empezaron a ofrecer a los editores el historial de edición de sus documentos como prueba de autoría. Uno de ellos, el británico Chris Sutcliffe, contó que esa práctica lo está ayudando a conseguir encargos.
- Verificar fuentes antes de publicar, no después. Contactar directamente al menos a una de las personas citadas es la prueba que ninguno de los textos falsos habría superado.
- Revisar señales administrativas. En al menos dos casos, la alerta llegó por peticiones de pago fuera de lo habitual, no por el contenido del texto.
- Escalar la revisión editorial. Wired admitió que el problema incluyó la ausencia de una edición final de mayor jerarquía.
Vale una precisión, porque el debate suele simplificarse: el problema documentado no es que exista la IA generativa ni que periodistas la usen como herramienta de apoyo. El problema es la suplantación de una identidad profesional y la fabricación de fuentes. Son dos cosas distintas y conviene no confundirlas.
Lo que queda
Hay un detalle final que muestra hasta dónde llega la confusión. Días después de la investigación, apareció en X una cuenta a nombre de Margaux Blanchard defendiendo su inocencia. Press Gazette reportó que un mensaje largo enviado desde esa cuenta fue identificado como generado con IA con 99 % de certeza por el detector Pangram, mientras que otros mensajes más cortos aparecían como escritos por una persona.
La cuenta primero negó las acusaciones, luego argumentó que los periodistas independientes suelen usar seudónimos y después afirmó tener otro nombre, vinculado a un seudónimo ya conocido en internet.
La lección no es que la inteligencia artificial escriba bien. Es que escribe lo suficientemente bien como para atravesar procesos editoriales debilitados. Ese es el verdadero punto de quiebre: no estuvo en la tecnología, sino en los filtros que dejaron de aplicarse.
Para un medio, la firma al pie de un texto es una promesa: alguien estuvo ahí, alguien preguntó, alguien responde por esto. Cuando esa promesa se puede fabricar, lo que se pierde no es un artículo. Es el contrato con quien lee.
En Ecuador Chequea tenemos protocolos para uso de la IA. Puedes leerlos aquí: https://ecuadorchequea.com/decalogo-etico-de-uso-de-inteligencia-artificial-en-ecuador-chequea/
Fuentes
- Press Gazette, “Wired and Business Insider remove ‘AI-written’ freelance articles”, Charlotte Tobitt, 21 de agosto de 2025 (actualizado el 5 de diciembre de 2025): https://pressgazette.co.uk/publishers/digital-journalism/wired-and-business-insider-remove-ai-written-freelance-articles/
- Press Gazette, “Wired says ‘AI-written’ story did not have ‘proper fact-check process’”: https://pressgazette.co.uk/publishers/digital-journalism/margaux-blanchard-wired-ai-editors-journalist/
- Press Gazette, “Who is Margaux Blanchard? AI ‘hoaxer’ muddies waters”: https://pressgazette.co.uk/news/ai-hoaxer-a-fake-x-account-and-the-case-of-margaux-blanchard/
- Press Gazette, rastreador de errores y escándalos de IA en periodismo: https://pressgazette.co.uk/publishers/digital-journalism/ai-journalism-mistakes/
- Wired, “How Wired Got Rolled by an AI Freelancer”: https://www.wired.com/story/how-wired-got-rolled-by-an-ai-freelancer/
- Wired, nota de edición del artículo retirado: https://www.wired.com/story/they-fell-in-love-playing-minecraft-then-the-game-became-their-wedding-venue/
- The Daily Beast, “Business Insider Deletes Dozens of Articles After AI Scam Probe”: https://www.thedailybeast.com/business-insider-deletes-dozens-of-articles-after-ai-scam-probe/
- The Local (Toronto), Nicholas Hune-Brown, “Investigating a Possible Scammer in Journalism’s AI Era”: https://thelocal.to/investigating-scam-journalism-ai/
- Reuters Institute for the Study of Journalism, “Speed, hoaxes and mistrust: How AI is transforming freelance journalism”, Marina Adami: https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/news/speed-hoaxes-and-mistrust-how-ai-transforming-freelance-journalism
- Nieman Lab, “How AI is transforming freelance journalism”, febrero de 2026: https://www.niemanlab.org/2026/02/how-ai-is-transforming-freelance-journalism/
- Dispatch: Margaux Blanchard, the journalist who didn’t exist: https://dispatch-media.com/margaux-blanchard-the-journalist-who-didnt-exist/
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