Centros de datos en Ecuador: ¿infraestructura digital sin red de alerta climática?

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El presidente Daniel Noboa regresó de Singapur en agosto de 2026 con un anuncio que generó expectativa en el sector tecnológico ecuatoriano: empresas y fondos de inversión asiáticos exploran la posibilidad de desarrollar centros de datos y minería de criptomonedas en Ecuador. 

La propuesta suena atractiva en el papel, pues, aprovecharía la matriz hidroeléctrica del país, su ubicación geográfica y su conectividad internacional. Pero, mientras Ecuador mira hacia esta oportunidad de crecimiento digital, un caso en Estados Unidos ofrece una lección incómoda sobre qué ocurre cuando la tecnología se adelanta a la capacidad de monitoreo ambiental.

En julio de 2025, una tormenta eléctrica aislada desató lluvias torrenciales sobre Dante, Virginia, un pequeño pueblo en los Apalaches. Richard Mabry escapó cuando vio enormes rocas desprenderse de la ladera sobre su casa. 

Su hermano James perdió su camioneta al quedar atrapada en la inundación. Su vecina Tina Sanders casi muere arrastrada por la corriente, golpeada contra un puente antes de ser rescatada. En total, 21 personas perdieron sus hogares. Lo extraordinario no fue solo la inundación: fue que los sistemas de predicción no vieron venir exactamente lo que sucedería.

El problema que enfrenta Estados Unidos

Según documentó el Centro Pulitzer en una investigación de 2026, «el aumento de las temperaturas está provocando lluvias más intensas en todo el país, pero los sistemas utilizados para medir el riesgo de inundaciones están obsoletos y su distribución es desigual». 

El reportaje reveló un problema estructural: mientras el cambio climático intensifica los eventos extremos, la red de monitoreo que debería alertar sobre estos peligros no ha evolucionado al mismo ritmo.

McKenzie Tate, una estudiante recién graduada de Virginia Tech, creció en una región particularmente vulnerable a inundaciones. Para su tesis de licenciatura, decidió investigar por qué los modelos de predicción fallaban tan frecuentemente en su zona. Colaboró con Craig Ramseyer, geógrafo y meteorólogo de Virginia Tech, para comparar datos de radar con observaciones en tierra.

Lo que encontraron fue sorprendente: no había datos.

La ciudad de Grundy, Virginia, está ubicada en una zona tan proclive a inundaciones que toda la ciudad tuvo que ser reubicada en los años 2000. Pero el pluviómetro más cercano, el instrumento que mide la lluvia real en el terreno, se encuentra a 60 kilómetros de distancia, instalado en Norton por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). «Las montañas y los valles modifican la micrometeorología», explica Ramseyer, «lo que está ocurriendo en Norton no es en absoluto representativo de estas amenazas de inundaciones menores».

Tate modificó su investigación para documentar algo más fundamental: la desigualdad en el acceso a datos climáticos. Presentó sus hallazgos en la reunión anual de la Sociedad Meteorológica Estadounidense en Houston en enero de 2026. Descubrió que el suroeste de Virginia presenta una brecha en la observación meteorológica: está lejos de las estaciones de radar y carece de suficientes pluviómetros para detectar los errores que probablemente se producen en las estimaciones de precipitación.

La paradoja de la infraestructura digital desconectada

Erin Rothman, científica jefa de Mērak Labs, trabaja ayudando a gobiernos locales en Estados Unidos a mejorar su predicción de inundaciones. Su trabajo revela una ironía que parece sacada de una película de ciencia ficción: «El Servicio Meteorológico Nacional (NOAA) tiene información, la NOAA presenta otra, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) también, y el Departamento de Gestión de Emergencias de Virginia (VDEM) también. Pero nadie consolida toda la información en un solo lugar, lo cual es desconcertante».

Es decir, en el país más tecnológicamente avanzado del mundo, con capacidades para llevar satélites al espacio y mantener millones de servidores operativos, no existe un sistema integrado que centralice los datos climáticos.

Los mapas de riesgo de inundación disponibles públicamente de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) son insuficientes. No solo se basan en datos antiguos que no tienen en cuenta el cambio climático, sino que tampoco consideran la vegetación ni el pavimento, factores que también modifican el riesgo de inundación. Por ejemplo, cuando la construcción urbana avanzó en zonas altas sin que se modernizara el drenaje pluvial, las inundaciones aumentaron, pero los mapas de riesgo no se actualizaron. Tal como se muestra en el siguiente ejemplo: 

Durante la inundación de julio de 2025 en Dante, los datos de pluviómetros disponibles provenían de ubicaciones demasiado lejanas para ser útiles. «Al comparar la estimación de precipitación con y sin los datos de los pluviómetros, no se observó ninguna diferencia. Esto significa que no hay forma de saber si la estimación de 3,1 pulgadas de lluvia del modelo de radar fue errónea, ni en qué medida», según el análisis del Centro Pulitzer.

Solo en mayo de 2026, casi un año después de la inundación, Virginia instaló un nuevo pluviómetro en Dante. Para entonces, ya había gente muerta, decenas de personas traumatizadas, y cientos de miles en daños. Se espera que las pérdidas anuales por inundaciones en Virginia aumenten un 19 % entre 2020 y 2050, superando los mil millones de dólares.

¿Qué tiene que ver esto con Ecuador?

Ecuador enfrenta vulnerabilidades climáticas en sus distintas regiones. La Costa es propensa a inundaciones (Manabí, Santa Elena, Los Ríos). La Sierra, con topografía escarpada y microclimas impredecibles, enfrenta riesgos similares a los del suroeste de Virginia. La Amazonía ve alterados sus patrones de precipitación. Y en todas ellas, el cambio climático está intensificando eventos extremos.

El problema se agudiza porque los centros de datos que Noboa propone requieren suministro eléctrico continuo e inflexible. El país cuenta con una matriz energética dominada por hidroelectricidad, una ventaja en el corto plazo, pero eso crea dependencia de patrones de precipitación que el cambio climático está alterando en todo el territorio nacional.

Cuando el presidente Noboa anunció que Singapur mostró interés en centros de datos en Ecuador, enfatizó el nexo energético: «para data centers se necesita también energía». Los centros de datos requieren suministro eléctrico continuo e inflexible. 

Ecuador cuenta con una matriz energética dominada por hidroelectricidad, ventaja en el corto plazo, pero también dependencia de patrones de precipitación que el cambio climático está alterando.

Pero antes de atraer centros de datos, existe un paso previo obligatorio que no aparece en los comunicados presidenciales: un análisis de riesgo exhaustivo. 

Santiago Valarezo, vocero oficial de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos del Ecuador, explicó a Ecuador Chequea, que cualquier «elemento esencial», su término para infraestructura tecnológica crítica, requiere primero identificar todas las amenazas según su ubicación específica. 

«Antes de construir, se hace un análisis de riesgo donde me permite tener identificadas todas las amenazas, incluso no solo el tema sísmico, el tema volcánico, dependiendo dónde vaya a ser construido este espacio», señala Valarezo. Sin este análisis previo, agrega, «el nivel de riesgo alto» puede determinar que «la infraestructura no se puede construir».

La buena noticia es que Ecuador ha avanzado. Valarezo reconoce que «INAMHI tiene ya redes meteorológicas, hidrometeorológicas, radares, información para inundaciones» y que los pronósticos son cada vez más acertados. 

Sin embargo, también identifica una limitación práctica crítica: monitorear amenazas secundarias como deslizamientos en terrenos con relieve complicado (como en Azuay y Cuenca) es «costoso» y técnicamente desafiante. «No puedo decir que tengo un monitoreo» en todas partes, admite.

Lo que esto significa es que Ecuador tiene capacidades de monitoreo, pero con brechas documentadas,  en el momento exacto en que decide atraer inversión en infraestructura digital de nivel mundial.

La brecha de datos en Ecuador

El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI) es la entidad responsable de monitoreo climático en Ecuador. Sin embargo, no existe un análisis público que documente la distribución geográfica de estaciones de medición, su actualización tecnológica, o si existe redundancia en regiones de alto riesgo. 

Las zonas donde mayormente ocurren inundaciones, regiones costeras, andinas con topografía compleja, y sistemas fluviales, no tienen claridad sobre su cobertura de datos en tiempo real.

La lección: infraestructura en dos niveles

Rothman, la científica que asesora a gobiernos sobre resiliencia ante inundaciones, identifica un patrón importante: «La IA es lo que permite hacer esta tarea de análisis. En lugar de contratar consultores por 200 dólares la hora para gastar medio millón de dólares en elaborar un mapa de inundaciones, podemos usar las herramientas que tenemos a nuestra disposición, y es muchísimo más rentable».

La buena noticia es que existen soluciones tecnológicas asequibles. La mala noticia es que requieren primero datos confiables. No se puede aplicar inteligencia artificial a un vacío de información.

Para Ecuador, esto significa que la oportunidad de atraer inversión en centros de datos es real, pero está condicionada a una decisión previa que no aparece en los comunicados de la Presidencia: fortalecer la red nacional de monitoreo climático.

Esto implica, en la práctica:

1. Auditar la cobertura actual: mapear dónde están todas las estaciones de medición (INAMHI, universidades, municipios), qué tecnología tienen, y qué zonas de alto riesgo están desprotegidas.

2. Integrar datos: crear un portal nacional donde confluya información de todas las fuentes, accesible a servicios de emergencia y gobiernos locales en tiempo real. Virginia aún no lo tiene; Ecuador tiene la oportunidad de hacerlo antes de que sea demasiado tarde.

3. Priorizar regiones vulnerables: las zonas de inundación histórica en la Costa (Manabí, Santa Elena, Los Ríos) y la Sierra (Pichincha, Tungurahua, Chimborazo) deberían tener densidad de datos significativamente mayor que regiones de bajo riesgo.

4. Modernizar equipos: los sistemas de medición obsoletos no solo dan información imprecisa; generan brechas de confianza cuando los servicios de emergencia no creen en los datos.

La paradoja final

Ecuador puede convertirse en un hub tecnológico regional. Singapur tiene interés real. Pero un centro de datos sin capacidad de predicción climática es como construir un hospital sin electricidad.

Según el grupo de investigación sin fines de lucro Climate Central, citado en la investigación del Centro Pulitzer, se espera que las pérdidas anuales por inundaciones en Virginia aumenten un 19 % entre 2020 y 2050, superando los mil millones de dólares. El suroeste de Virginia es una de las regiones más afectadas, a pesar de su distancia de las zonas costeras donde el aumento del nivel del mar ha acaparado los titulares.


Fuentes

Karen Mantilla Ulloa
Karen Mantilla Ulloa
Licenciada en Periodismo con especializaciones en “Fake News” y Desinformación (RELIAL) y Periodismo de Visualización de Datos (DW Akademie y Desenredatos, Ecuador). Con más de 5 años de experiencia en medios digitales, como presentadora y reportera de noticias. También, escribo sobre temas científicos y culturales, combinando el rigor informativo con la claridad y el análisis de datos

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