La base fundamental de cualquier sistema democrático es la posibilidad de tener elecciones libres y universales. Ahí es donde habita la máxima republicana de que la soberanía radica en el pueblo. Esto significa que somos los pueblos, las sociedades, quienes decidimos quiénes son nuestros mandatarios, y nosotros sus mandantes. Ese es el enorme poder que tenemos los individuos que vivimos en sociedad.
Las elecciones no siempre fueron libres y universales. En gran parte de la historia del Ecuador hubo limitaciones a una parte importante de la sociedad. Y la verdad es que el fraude fue la regla hasta hace cinco décadas, que recuperamos la democracia.
Y tampoco es que las elecciones de los últimos 50 años hayan sido del todo legítimas. Hubo siempre campaña anticipada; los que están en el poder usaron los recursos públicos en favor del candidato del partido de gobierno, y hasta se financiaron las campañas electorales con el dinero de los contratistas del Estado. Por esto último es que Rafael Correa y gallada están condenados y prófugos. O cuando los presidentes no han encargado el poder para lanzarse a la reelección, como ocurrió con Correa y Noboa.
En el Ecuador, como en todo el mundo, ha habido pasajes en los que la forma de ganar una elección fue eliminando al contendor. A Asaad Bucaram le inventaron una regla y lo dejaron fuera de la contienda, o recientemente se dio la exclusión de Jan Topic.
Pero lo que no había sucedido ni siquiera en Ecuador es que la eliminación de los candidatos sea la fórmula para ganar. Ya no como excepción, sino como forma de acción política para quedarse con el poder. En una “inteligente” maniobra política —la real politik, le llaman—, encontraron en esa bazofia que es el Tribunal Contencioso Electoral la fórmula, bajo las acusaciones más absurdas, para lograr la eliminación de cuanto candidato y partido político sea un obstáculo para hacerse con el poder. O la vieja confiable de la judicialización de la política para encarcelar a los adversarios.
Ahora mismo, con total desparpajo y con whisky en mano, cuentan en las reuniones sociales sobre la supuesta estrategia del gobierno para hacerse con la Alcaldía de Quito, que no es ganando la elección, por supuesto, sino con alguna triquiñuela jurídica como a las que ya nos tienen acostumbrados.
Y es que, como dijo un querido amigo, en Ecuador ya no hay elecciones ni concursos, hay eliminatorias.
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