Con el supuesto acuerdo EE.UU.-Irán empujando los precios a la baja, el país enfrenta una caída de ingresos sin haber resuelto sus problemas estructurales: poca producción, poca inversión y alta dependencia de derivados importados.
El supuesto acuerdo entre Estados Unidos e Irán, cuya firma el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció para este viernes, alivió los precios internacionales del petróleo, pero para Ecuador la noticia llega con una advertencia fiscal: el país recibió más ingresos petroleros en los primeros cinco meses del año, aunque no aprovechó plenamente el repunte por la caída de la producción, la falta de inversión y la alta dependencia de combustibles importados, señalaron dos actores directos del sector petrolero ecuatoriano consultados por Ecuador Chequea.
Los especialistas indicaron que Ecuador no controla el precio internacional del petróleo, pero sí puede corregir su capacidad de producir, refinar, atraer inversión y reducir importaciones. Sin esas reformas, insistieron, cada crisis externa seguirá golpeando dos veces: cuando sube el crudo, por el costo de importar combustibles; y cuando baja, por la caída de ingresos fiscales.
Jaime Carrera de la Torre, representante del Observatorio de la Política Fiscal, dijo que Ecuador “ha perdido cuantiosos recursos” por no administrar bien el sector petrolero. Según Carrera, la producción cerró el año anterior en niveles similares a los de 2003 y el país dejó pasar la oportunidad de aumentar producción y exportaciones durante el reciente pico de precios.
“El sector petrolero en general es un desastre”, afirmó Carrera. “El Ecuador ha perdido la oportunidad de haber aumentado la producción de petróleo y las exportaciones para aprovechar este boom petrolero”.
El golpe no es menor para las finanzas públicas. De acuerdo con cifras del Observatorio de la Política Fiscal, basadas en información del Ministerio de Economía y Finanzas, los ingresos petroleros del Presupuesto General del Estado llegaron a USD 1.239 millones entre enero y mayo de 2026. Eso representa USD 841 millones más que los $398 millones en el mismo período de 2025, un salto de 211%.

Ese aumento explicó buena parte del “alivio fiscal temporal”, explicó Carrera. “Los ingresos petroleros crecieron 211 % u $841 millones.
Los mismos reflejan la eliminación del subsidio al diesel y el incremento de los precios del petróleo”, indica el reporte del observatorio.
Carrera atribuyó el incremento de ingresos a dos factores: el aumento del precio del crudo entre febrero y marzo y la eliminación del subsidio al diésel. Sin embargo, advirtió que si los precios internacionales bajan con la distensión entre Washington y Teherán, ese colchón fiscal puede reducirse en los próximos meses.
“Es posible que los precios del petróleo se mantengan hasta fin de año en algo superior a los niveles que ha tenido Ecuador, pero ya los precios van a bajar, seguramente el próximo año bajarán aún más”, dijo Carrera. Así, consideró que la salida pasa por reformas que permitan atraer inversión privada, mejorar la gestión de pozos y aumentar reservas.
Ivo Rosero, presidente de la Cámara Nacional de Distribuidores de Derivados de Petróleo, coincidió en que el problema ecuatoriano es estructural. Según Rosero, Ecuador tiene una balanza petrolera “levemente positiva”, porque cuando sube el precio del crudo también sube el costo de los derivados que el país debe importar.
“El altísimo costo de los derivados hace que todas las importaciones prácticamente dejen en un valor mínimo la balanza petrolera positiva”, dijo Rosero.
El dirigente sostuvo que Ecuador importa, en condiciones normales, cerca del 73% del diésel y el 67% de la gasolina. Para Rosero, esa dependencia revela el déficit de refinación del país y limita cualquier beneficio que pueda traer un precio internacional alto del petróleo.
El supuesto acuerdo entre Estados Unidos e Irán ya tuvo un efecto inmediato en el mercado: el WTI cayó alrededor de 5% tras conocerse señales de distensión. Para Ecuador, una baja sostenida del crudo tendría dos efectos contrapuestos. Por un lado, reduciría ingresos por exportación petrolera y por ventas de crudo para el presupuesto. Por otro, abarataría gradualmente la importación de combustibles, lo que podría bajar el costo fiscal de los subsidios y, más adelante, los precios al consumidor.
Rosero advirtió que ese alivio no será inmediato para los usuarios. Según dijo, mientras existan subsidios vigentes, la reducción internacional primero se reflejará en las cuentas fiscales y solo después en los precios finales. También recordó que el sistema de bandas permite que los combustibles suban hasta 5% al mes, pero bajen hasta 10% mensual, por lo que una eventual caída podría sentirse con mayor velocidad cuando desaparezca el subsidio correspondiente.
“Todavía no se va a ver un impacto en el consumidor”, dijo Rosero. “Cuando ya se elimine el subsidio, de ahí inmediatamente vendrá la disminución de precios al consumidor”.
¿Y la refinería?
A criterio de Rosero, la inestabilidad de los precios del petróleo obliga a regresar la vista del país a la Refinería de Esmeraldas, la mayor del país. Así, dijo que las fallas, incendios y reparaciones constantes muestran que Ecuador necesita alianzas público-privadas o estratégicas para repotenciar su refinación y, eventualmente, construir nueva capacidad.
“No es una solución de corto plazo, definitivamente”, dijo. “Pero se puede ir ya dando los pasos necesarios”.
En el corto plazo, el Gobierno enfrenta una paradoja: los ingresos petroleros ayudaron a cerrar la brecha fiscal entre enero y mayo, pero esa mejora depende de precios internacionales volátiles y no de un aumento sostenido de producción. Si el petróleo baja y la producción sigue estancada, el presupuesto perderá una fuente clave de alivio justo cuando mantiene presiones por deuda, transferencias al Instituto Ecuatoriano de Sesguridad Social, subsidios y atrasos.

