El incremento de superficie glaciar en 2025 en Ecuador responde a nieve temporal en un año húmedo y no a recuperación real. Datos de EcoCiencia y MapBiomas confirman una pérdida sostenida desde 1985 en todos los volcanes.
En 2025, los glaciares de Ecuador parecieron haber crecido, con más superficie cubierta en Antisana, Cayambe, Cotopaxi, Chimborazo. Después de un 2024 descrito como “extremadamente seco”, el blanco regresó a las montañas. Pero esa imagen, aparentemente esperanzadora, fue engañosa.
Lo que aumentó no fue el glaciar. Fue nieve. Y no es lo mismo. La diferencia importa, señala el informe de resultados de una investigación realizada por la fundación EcoCiencia, que se presentó ayer, porque puede distorsionar la lectura de una tendencia de fondo: entre 1985 y 2024, todos los volcanes analizados perdieron superficie glaciar, y varios registran retrocesos severos o extremos.
Así, 2024 fue el año más crítico en las últimas cuatro décadas. En el Antisana, la cobertura pasó de 2.075 hectáreas en 1985 a 1.185 en 2024, una reducción de 42,9%. En 2025 subió a 1.398 hectáreas. En Cayambe, bajó de 2.108 a 1.225 hectáreas entre 1985 y 2024, una pérdida de 41,9%, y luego aumentó a 1.417 en 2025. En Cotopaxi, cayó de 1.472 a 672 hectáreas, equivalente a 54,4% menos, antes de subir a 986 hectáreas.

La misma dinámica aparece en el resto de montañas monitoreadas. Chimborazo pasó de 1.235 hectáreas en 1985 a 747 en 2024, una reducción de 39,5%, y en 2025 alcanzó 868. El Altar descendió de 1.481 a 599 hectáreas, una pérdida de 59,5%, y luego registró 1.029 hectáreas. Iliniza retrocedió de 105 a 8 hectáreas entre 1985 y 2024, una caída de 92,1%, y en 2025 llegó a 25 hectáreas. Carihuairazo pasó de 69 hectáreas en 1985 a cero en 2024. En 2025 se detectaron 5 hectáreas, pero el boletín precisa que corresponden a nieve temporal y no a recuperación glaciar.
El aumento de 2025 no modifica la tendencia histórica de pérdida. Según el informe “la nieve detectada recientemente no constituye hielo glaciar consolidado” y la formación de glaciares requiere procesos de “compactación y persistencia a lo largo del tiempo”, condiciones que no se observan en estos incrementos recientes.
Esa diferencia es central, aclara el informe. La nieve temporal puede cubrir la cumbre durante semanas o meses, según las precipitaciones y la temperatura. El hielo glaciar estructural, en cambio, es una masa consolidada y persistente. Por eso, una superficie blanca detectada por satélite en un año húmedo no equivale automáticamente a ganancia de glaciar.
Juan Espinosa, coordinador de MapBiomas Agua en Fundación EcoCiencia, atribuyó el repunte de 2025 a las condiciones climáticas del año pasado y al contraste con 2024. “Hay que recordar que el año pasado fue un año bastante húmedo”, dijo. Añadió que hubo “bastantes precipitaciones” y que eso “también se traduce en precipitaciones sólidas, es decir, nieve sobre las cumbres que todavía tienen glaciares en nuestro país”.
Espinosa explicó que los datos de 2025 provienen de un análisis de mosaicos mensuales de imágenes satelitales. Según su descripción, cuando el satélite encuentra cielos despejados registra superficies nevadas mayores que las observadas en 2024, al que definió como “un año extremadamente seco”. También advirtió que los resultados serán corroborados a mediados de este año y publicados cuando esté disponible la colección cuatro de MapBiomas Agua, prevista para septiembre o, a más tardar, los primeros días de octubre.
El informe también atribuye la pérdida de masa glaciar de largo plazo a la alta sensibilidad de estos ecosistemas frente al aumento de temperaturas y la variabilidad climática. Añade que la desaparición progresiva de glaciares afecta la disponibilidad de agua, sobre todo en épocas secas, impacta sistemas productivos andinos, pone en riesgo ecosistemas de alta montaña y compromete medios de vida de comunidades locales que dependen de esos recursos.

Consultado por Ecuador, Chequea, el montañista independiente, Paúl Cárdenas, confirma lo que dicen las investigaciones, pero con lo que ha observado de cerca, paso a paso, cada vez que asciende.
Dijo que quienes practican montañismo y senderismo viven “una situación crítica” porque observan “de forma acelerada” una pérdida considerable de glaciares. Su testimonio aporta una evidencia empírica: el cambio es visible al comparar fotografías de hace 10, 15 o 20 años con el estado actual de las cumbres.
Cárdenas también describió cómo las nevadas recientes pueden generar una impresión temporal de recuperación. “A veces te podría decir que hay unas nevadas, grandes nevadas que nos entusiasma o nos motiva. Pero cuando ya viene el verano, tú sabes que como ha cambiado el clima. Y vemos claramente cómo aparece la roca, cómo aparecen morrenas que ya desnudan la realidad de la montaña”, afirmó.
Según Cárdenas, esa exposición progresiva del terreno puede verse en rutas de ascenso. Mencionó el Antisana y el Cayambe como ejemplos de lugares donde el retroceso se hace visible. Sobre Cayambe, recordó que en los años 80 su glaciar ofrecía “un paisaje natural único” y que ahora está “prácticamente reducido”.

