¿La vacuna del COVID-19 reduce el riesgo cardiovascular? La información que circula es engañosa 

Una publicación que circula en redes sociales asegura que la vacuna actualizada contra el COVID-19 da protección cardiovascular. Se basa en un estudio real publicado en JAMA Internal Medicine. Sin embargo, la publicación mezcla resultados primarios y secundarios del estudio, omite advertencias clave de los propios investigadores y exagera la magnitud del efecto. 


  • Qué verificamos: Una publicación que describe los hallazgos de un estudio sobre la vacuna COVID-19 y su efecto en eventos cardiovasculares graves.
  • Lo que afirma: Las vacunas actualizadas contra el COVID-19 «reducen drásticamente» el riesgo de infartos, derrames cerebrales y muertes, con una protección «de casi el 40%
  • Nuestra conclusión: ENGAÑOSO. 
  • A quién involucra:JAMA Internal Medicine.

¿Qué se dijo o qué circula?

Una publicación que circula en redes sociales presenta un estudio científico sobre vacunas y salud cardiovascular con el siguiente encuadre: las vacunas COVID-19 actualizadas «reducen drásticamente» el riesgo de eventos cardiovasculares graves como infartos, derrames cerebrales e insuficiencia cardíaca «en casi un 40%». Además, afirma que por cada 10.000 personas vacunadas se previenen aproximadamente 23 eventos cardiovasculares mayores, 30 hospitalizaciones y 16 muertes en solo ocho meses.

¿Qué dicen las fuentes confiables?

El estudio al que hace referencia la publicación existe y fue publicado el 15 de junio de 2026 en JAMA Internal Medicine, una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo. Los autores son investigadores del Departamento de Asuntos de Veteranos de EE.UU. (VA St. Louis) y la Universidad Washington en St. Louis. El estudio analizó datos de 1.039.659 veteranos estadounidenses que recibieron la vacuna antigripal entre septiembre y diciembre de 2024, comparando a quienes también recibieron la vacuna COVID-19 con quienes solo recibieron la de influenza.

El hallazgo central del estudio es que la vacuna COVID-19 se asoció con una reducción del 37,7% en el riesgo de MACE, sigla en inglés para eventos cardiovasculares adversos mayores como infartos, derrames cerebrales, insuficiencia cardíaca y muerte cardiovascular. Sin embargo, este porcentaje tiene una condición que la publicación no menciona: se aplica exclusivamente a personas que tuvieron un caso de COVID-19 confirmado con prueba de laboratorio y que además sufrieron un evento cardíaco. No representa la reducción de riesgo para toda la población vacunada en general. Cuando ese mismo efecto se traduce a números absolutos, equivale a apenas dos eventos cardíacos menos por cada 10.000 personas vacunadas durante ocho meses, una cifra que los propios autores del estudio califican explícitamente como «modesta».

El estudio también analizó un conjunto de resultados más amplios, que los investigadores denominan resultados secundarios. Estos no se limitan a casos de COVID-19 confirmados, sino que miden eventos cardíacos, hospitalizaciones y muertes por cualquier causa, incluyendo infecciones leves o no detectadas de SARS-CoV-2. En ese análisis más amplio, la reducción relativa fue considerablemente menor: 6,2% para eventos cardiovasculares mayores en general, 6,6% para hospitalizaciones y 7,1% para muertes. En términos absolutos, estas cifras equivalen a 23,7 eventos cardíacos, 29,9 hospitalizaciones y 15,8 muertes menos por cada 10.000 personas vacunadas en ocho meses.

Adicionalmente, el estudio encontró que la protección cardiovascular fue estadísticamente significativa únicamente en personas mayores de 75 años, quienes registraron la mayor reducción absoluta con 5,5 eventos menos por cada 10.000 personas. En los grupos de 65 a 75 años y menores de 65 años, el efecto no alcanzó significancia estadística, lo que significa que no se puede descartar que esos resultados se deban al azar. El beneficio también fue más pronunciado en personas con enfermedades crónicas previas como diabetes, enfermedad pulmonar o problemas cardíacos pre existentes.

¿Hay elementos manipulados u omitidos?

La publicación tergiversa los datos presentados en el estudio. Este contenido presenta este hallazgo como una reducción “drástica” de los problemas cardiovasculares cuando los propios autores del estudio describen esta reducción como «modesta», dado que en términos absolutos equivale a dos eventos menos por cada 10.000 personas en ocho meses. 

La publicación mezcla sin distinción dos tipos de resultados que el estudio trata por separado. El porcentaje de «casi 40%» corresponde a la reducción observada en personas con COVID-19 confirmado por laboratorio, un grupo específico y relativamente pequeño dentro del total. Las cifras de 23 eventos cardíacos, 30 hospitalizaciones y 16 muertes por cada 10.000 personas corresponden a los resultados secundarios, es decir, eventos por cualquier causa en toda la población estudiada. Presentar ambas cifras como parte del mismo hallazgo, sin aclarar que responden a preguntas distintas, lleva al lector a creer que la vacuna previene 23 infartos por cada 10.000 personas con una efectividad del 40%, cuando en realidad esa reducción relativa del 40% corresponde a apenas dos eventos en ese grupo específico.

También omite que el beneficio no fue estadísticamente significativo en personas menores de 75 años, dato relevante que la publicación ignora al presentar los resultados como aplicables a toda la población. 

Finalmente, la publicación no menciona que el estudio es observacional y no un ensayo clínico aleatorizado, lo que impide establecer causalidad definitiva, ni que la población estudiada es predominantemente masculina, mayor y estadounidense, condiciones que limitan la generalización de los resultados a otros contextos.

¿Se puede probar la trazabilidad?

Sí. Para verificar el contenido se realizó: 

  • Análisis del estudio original publicado en JAMA Internal Medicine.
  • Comparación de las afirmaciones compartidas en la publicación. 

Nuestra conclusión

Las cifras que cita la publicación provienen de un estudio real y están, en su mayoría, correctamente transcritas. Sin embargo, la forma en que se presentan, combinando resultados de distinta naturaleza, usando el término «drásticamente» para describir efectos que los autores califican de «modestos» y omitiendo que el beneficio no fue significativo en personas menores de 75 años, configura una presentación engañosa de los hallazgos científicos.


Fuentes utilizadas

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