Una publicación en X afirma que, tras dejar un hábito durante 28 días, un estudio evidenció que el gen asociado al cáncer “desapareció” en mujeres en mujeres sin antecedentes de la enfermedad. Sin embargo, aunque la investigación existe, el contenido tergiversa sus resultados.
- Qué verificamos: Una publicación que relaciona la eliminación de un hábito con el desarrollo de cáncer de mama.
- Lo que afirma: Un gen relacionado con el cáncer de mama desaparece tras eliminar un hábito por 28 días.
- Nuestra conclusión: Engañoso.
- A quién involucra: Mujeres, investigadores, científicos.
¿Qué se dijo o qué circula?
Una publicación en X señala que un reciente estudio en mujeres sanas, sin antecedentes de cáncer de mama, demostró que al eliminar un elemento de su rutina durante 28 días, “un gen relacionado con el cáncer desapareció” en el tejido mamario.

¿Qué dicen las fuentes confiables?
El estudio mencionado en la publicación sí existe. Se titula “Reduction of daily-use parabens and phthalates reverses accumulation of cancer-associated phenotypes within disease-free breast tissue of study subjects” y se realizó en 2023.

La investigación se desarrolló con mujeres sin antecedentes de cáncer de mama, quienes durante 28 días dejaron de usar productos de cuidado personal (PCP), como champú, desodorante y fragancias, que contienen xenoestrógenos.
Los xenoestrógenos son compuestos químicos industriales, como los parabenos y los ftalatos, que tienen actividad estrogénica. La exposición constante a estos compuestos puede generar una sobreestimulación estrogénica, que está asociada a procesos cancerígenos en el tejido mamario.
Para el estudio, a las participantes se les proporcionó un kit de productos libres de estos químicos, con el objetivo de evaluar si su eliminación influía en el tejido mamario sano.
Hallazgos del estudio
El estudio analizó el transcriptoma, es decir, la actividad de 567 genes en células del tejido mamario sano obtenidas mediante aspiración con aguja fina. A partir de ese análisis, se observó que cerca del 80% de los genes asociados al cáncer, conocidos como oncogenes, redujo significativamente su actividad. Además, se registró una disminución en la actividad de vías de señalización celular clave como la PI3K-AKT/mTOR, que está vinculada al crecimiento celular descontrolado, la invasión de tejidos y la resistencia de las células a morir cuando deberían hacerlo.
Al mismo tiempo, el estudio encontró que alrededor del 60% de los genes supresores de tumores, que estaban inactivos al inicio, aumentaron su actividad tras la intervención. Estos genes cumplen funciones esenciales, como vigilar la división celular y reparar daños en el ADN, por lo que su activación está relacionada con procesos más estables y controlados en el tejido.
En cuanto a la respuesta hormonal, los experimentos mostraron una recalibración del receptor de estrógeno. Las células obtenidas después de la intervención respondieron de manera más equilibrada y normal al estrógeno natural. Este hallazgo también evidenció que la exposición continua a parabenos y ftalatos puede alterar de forma persistente la manera en que las células mamarias procesan sus hormonas, y que ese efecto disminuye cuando se dejan de usar estos productos.
Finalmente, en los análisis de laboratorio sobre crecimiento celular, se observó un cambio en el comportamiento de las células. Antes de la intervención, las células epiteliales mamarias crecían de forma rápida y desorganizada. Después de los 28 días sin exposición a estos químicos, las mismas células mostraron una reducción en su proliferación y un crecimiento más lento, ordenado y acorde con el de un tejido sano.
Sin embargo, el estudio no concluye ni afirma que los genes asociados al cáncer desaparezcan, como sostiene la publicación, ya que en el cuerpo humano los genes no desaparecen, lo que ocurre es que pueden presentar mutaciones.
¿Cómo se desarrolla el cáncer de mama?
De acuerdo con la Fundación Nacional del Cáncer de Mama, los genes BRCA1 y BRCA2 están presentes en todas las personas. Estos genes cumplen una función clave: ayudan a reparar el ADN y prevenir la formación de tumores, por lo que se consideran genes supresores.
El cáncer de mama puede desarrollarse cuando estos genes presentan mutaciones y dejan de funcionar correctamente. Es decir, el problema no es que el gen exista, sino que se altera.
Aproximadamente 1 de cada 400 personas presenta mutaciones en estos genes, lo que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de mama, incluso a edades más tempranas.
Esto implica que los genes no pueden desaparecer del cuerpo humano. Lo que puede ocurrir es que su actividad cambie o que presenten mutaciones.
¿Hay elementos manipulados u omitidos?
Sí. La publicación tergiversa los resultados del estudio al afirmar que el gen asociado al desarrollo del cáncer de mama puede desaparecer. Además, omite que esta enfermedad es multifactorial y depende de factores como la genética, la edad, el estilo de vida y otras condiciones; por lo tanto, dejar de usar los productos mencionados no elimina el riesgo de desarrollarla.
¿Se puede probar la trazabilidad?
Sí. Para verificar el contenido se realizó:
- Búsqueda avanzada en Google con las palabras claves mencionadas en la publicación
- Revisión del estudio original para corroborar los datos.
Nuestra conclusión
La publicación es engañosa. Aunque se basa en un estudio real, distorsiona sus hallazgos al afirmar que dejar de usar estos productos como hábito cotidiano puede hacer desaparecer el gen relacionado con el cáncer. En realidad, la investigación señala que el uso de los productos mencionados puede ser un factor que contribuya al desarrollo de la enfermedad, pero no determina por sí solo su aparición ni elimina el riesgo de padecerla al dejar de usarlos, ya que el cáncer de mama es una enfermedad multifactorial.
¿De dónde proviene la desinformación?
Esta publicación circula en un contexto en el que el cáncer de mama tiene una alta incidencia en Ecuador, lo que genera preocupación y una constante búsqueda de información sobre sus causas y prevención.
De acuerdo con datos de la Sociedad de Lucha contra el Cáncer (Solca), el cáncer de mama es el más diagnosticado en la población femenina del país, con una incidencia del 22,20%, seguido por el cáncer de cuello uterino (9,50%) y de tiroides (9,08%). Esta situación ha impulsado la necesidad de investigar los factores de riesgo asociados a la enfermedad en distintos niveles del sistema de salud.
Por su parte, la Cruz Roja Ecuatoriana señala que cada año cerca de 4.000 mujeres son diagnosticadas con esta enfermedad y que aproximadamente el 30% de los casos se detecta en etapas avanzadas. El diagnóstico tardío es una de las principales problemáticas, pese a que la detección temprana puede elevar la tasa de supervivencia a más del 90%.
Además, estimaciones de Globocan proyectan que para 2035 se registrarán 5.213 nuevos casos de cáncer de mama en Ecuador, lo que representa un incremento del 46,3% en comparación con 2020.
En este escenario, la preocupación por la enfermedad y el interés por reducir riesgos pueden facilitar la difusión de contenidos engañosos que simplifican sus causas o prometen soluciones sin sustento científico. Sin embargo, organizaciones como Solca enfatizan que la detección oportuna es clave, por lo que recomiendan la autoexploración mensual desde los 20 años y la realización de mamografías anuales a partir de los 40 años, o antes en caso de antecedentes familiares.

