Detrás de cada contenido viral hay un flujo de dinero que rara vez se ve, pero que explica buena parte de por qué el contenido sensacionalista circula tanto. Entender ese modelo de negocio ayuda a leer con otros ojos por qué ciertos contenidos —incluida la desinformación— tienden a imponerse sobre la información precisa.
El principio básico: el usuario no es el cliente
En la llamada «economía de la atención», las plataformas digitales no cobran a las personas por usarlas; en su lugar, venden la atención de esas personas a los anunciantes. Como lo resume una explicación divulgativa reciente, el usuario no es el cliente: es el producto que se entrega al verdadero cliente, que es el anunciante. Cuanto más tiempo pasa una persona en una plataforma, más impresiones publicitarias se generan, y más ingresos produce esa plataforma.
La magnitud del negocio
Esta no es una descripción abstracta: es literalmente el modelo de negocio de las compañías tecnológicas más grandes del mundo. Meta obtuvo 160.600 millones de dólares en ingresos por publicidad en 2024, la mayor parte de sus ingresos totales, con ganancias publicitarias de aproximadamente 87.000 millones de dólares ese mismo año. YouTube generó 36.000 millones de dólares en ingresos publicitarios, y Alphabet (matriz de Google) 264.600 millones de dólares, principalmente de la búsqueda de Google.
Por qué esto favorece lo viral por encima de lo preciso
El sistema tiene un efecto muy concreto sobre la información: favorece sistemáticamente el contenido que retiene la atención por encima del contenido que informa con precisión. Un contenido que genera ansiedad, indignación o el impulso de seguir haciendo scroll puede retener la atención de forma muy eficaz, mientras deja a la persona menos informada que antes de verlo. Una explicación matizada y cuidadosa de un tema complejo puede ser genuinamente útil, pero casi siempre pierde la competencia por la atención frente a algo más activador emocionalmente.
Quién más gana con la viralidad, además de las plataformas
El dinero no solo fluye hacia las grandes plataformas: también beneficia a quien logra viralizar contenido propio. Un video viral puede introducir una marca o un creador a audiencias que de otra forma costarían millones en publicidad paga, y plataformas como Facebook Marketplace, TikTok Shop e Instagram Shopping permiten monetizar directamente esa atención capturada. Pero, como advierten especialistas en marketing, la atención viral no se posee: se renta de algoritmos que no deben nada a nadie y pueden revocar el acceso sin explicación, lo que significa que perseguir la viralidad muchas veces sirve a los objetivos de la plataforma, no a los de quien publica el contenido.
Fuentes
– Safe Online Futures, «The Attention Economy Explained» — https://safeonlinefutures.substack.com/p/the-attention-economy-explained
– The Motley Fool, «What Is the Attention Economy?» — https://www.fool.com/terms/a/attention-economy/
– Manorama Yearbook, «What is the concept of ‘attention economy’?» — https://www.manoramayearbook.in/current-affairs/world/2026/04/30/attention-economy-explained.html
– NoGood, «Viral Marketing in 2026: Attention Isn’t Owned, It’s Rented» — https://nogood.io/blog/viral-marketing/
– Georgetown Law, Denny Center, «The Attention Economy and the Collapse of Cognitive Autonomy» — https://www.law.georgetown.edu/denny-center/blog/the-attention-economy/

