¿Ser un papá presente cambia el cerebro? Esto dice la evidencia científica

En redes circula una afirmación que suena casi a ciencia ficción: cuando un padre se involucra de verdad en el cuidado de su hijo, su cerebro cambia tanto como el de una madre. La idea viene del documental Bebés (Netflix), que cita estudios reales de neurociencia sobre el vínculo entre padres e hijos. En Ecuador Chequea revisamos qué tan precisa es esa afirmación, yendo directo a las publicaciones científicas originales.

Lo que confirma la ciencia: la oxitocina no distingue género

Un equipo liderado por la investigadora Ruth Feldman, del Bar-Ilan University en Israel, siguió a 160 padres y madres convivientes (80 parejas) con su primer hijo, desde las primeras semanas después del parto hasta los seis meses. Les midieron los niveles de oxitocina —la hormona asociada al vínculo afectivo— en ambos momentos.

El resultado: la oxitocina subió en ambos progenitores a lo largo del estudio, y no hubo diferencias significativas entre los niveles de las madres y los de los padres. El estudio se publicó en 2010 en la revista Biological Psychiatry.

Es decir: la parte de «la oxitocina se eleva igual en los papás comprometidos» tiene respaldo científico directo. No depende de la biología del embarazo, depende del involucramiento.

El rol de cuidador cambia el cerebro

Un estudio posterior del mismo equipo, publicado en 2014 en la revista PNAS, buscó responder una pregunta concreta: ¿el patrón cerebral de «cuidador principal» depende de ser mujer, o depende de ejercer ese cuidado principal, sin importar quién lo haga?

Para despejar esa duda, los investigadores necesitaban comparar a madres cuidadoras principales con padres cuidadores principales. El problema es que, en la mayoría de hogares con padre y madre, es ella quien termina asumiendo el rol principal de cuidado, por licencias de maternidad, lactancia o costumbre. Por eso el estudio incorporó un tercer grupo: el único disponible en la vida real donde un hombre ejercía el cuidado principal sin compartirlo con una madre fueron padres homosexuales que criaban a sus hijos por gestación subrogada. No fue una elección ideológica del estudio, fue la única forma de aislar si el patrón cerebral depende del sexo de quien cuida o del trabajo de cuidado en sí.

Los tres grupos comparados: 20 madres heterosexuales como cuidadoras principales, 21 padres heterosexuales que acompañaban la crianza sin llevar el peso principal del cuidado diario (la madre lo hacía), y 48 padres homosexuales como únicos cuidadores principales. Usando resonancia magnética, midieron qué redes del cerebro se activaban al interactuar con el bebé.

El resultado: las madres-cuidadoras-principales mostraron mayor actividad en la red de procesamiento emocional (que incluye la amígdala). Los padres que acompañaban sin llevar el peso principal mostraron mayor actividad en circuitos de cognición social, distintos a los de las madres. Pero los padres homosexuales que sí ejercían como únicos cuidadores principales activaron ambas redes a la vez.

Esto no es una crítica a los papás heterosexuales que comparten la crianza con la madre del bebé. Lo que muestra este segundo estudio es algo distinto: que cualquier padre, heterosexual u homosexual, que pase a asumir el cuidado principal de su hijo —por ejemplo, si la madre trabaja fuera de casa y él se encarga del día a día— puede desarrollar ese mismo patrón cerebral más completo. El cerebro se adapta al trabajo de cuidado que efectivamente se hace, no a quién lo hace.

Esto también ayuda a explicar el rol del padre en otros tipos de familia. El principio detrás del hallazgo es que el cerebro responde al trabajo de cuidado, no a una condición fija de quien lo ejerce. Eso es coherente con lo que pasa cuando un padre, por la razón que sea —porque la madre no está presente, porque así se organizó la familia—, termina siendo el único responsable del día a día de su hijo. Los propios investigadores señalan que todavía falta estudiar directamente a padres heterosexuales que asumen ese rol en solitario, así que esto no es un hallazgo comprobado con resonancia magnética como los anteriores; es la dirección hacia la que apunta el mecanismo que sí está demostrado.

¿Qué significa esto para el Día del Padre?

La parte bonita de la idea que circula en redes es cierta: la paternidad comprometida deja huella biológica medible, no es solo una frase motivacional. Eso aplica a todo papá que se involucra con su hijo, comparta o no el cuidado principal con la madre.

Y hay un nivel adicional: los papás que además asumen el peso completo del cuidado diario —se levantan de madrugada, sostienen la rutina, no delegan todo— desarrollan un patrón cerebral todavía más cercano al de las madres. Eso no resta valor al papá que acompaña; suma una razón más para celebrar al que, además, se hace cargo.

Si conoces a alguno de los dos, hoy es un buen día para decírselo.

Fuentes

  • Gordon, I., Zagoory-Sharon, O., Leckman, J. F., & Feldman, R. (2010). Oxytocin and the development of parenting in humans. Biological Psychiatry, 68(4), 377-382.
  • Abraham, E., Hendler, T., Shapira-Lichter, I., Kanat-Maymon, Y., Zagoory-Sharon, O., & Feldman, R. (2014). Father’s brain is sensitive to childcare experiences. PNAS, 111(27), 9792-9797.
Yalilé Loaiza
Yalilé Loaiza
Editora general de Ecuador Chequea. Corresponsal de Infobae en Ecuador. Tiene 14 años de experiencia en coberturas e investigaciones políticas, de derechos humanos y corrupción. Ha sido docente universitaria, ha recibido premios nacionales y regionales por su trabajo. Además, ha trabajado en proyectos de la cooperación internacional. Es presidente de Fundamedios.

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