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Richard Salazar
Richard Salazar
Richard Salazar es Doctor en Ciencias Sociales (Sobresaliente Cum Laude) por la Universidad de Granada, mención internacional junto con la University of California Irvine. Máster en Estudios del Este de Asia por la University of California Irvine. Master en Ciencias Políticas por la Università degli Studi di Bologna (Italia).

Del pacifismo japonés a la disputa por Taiwán: El nuevo tablero del Asia-Pacífico

El orden internacional liberal enfrenta una profunda crisis sistémica. No solo presenciamos un inocultable (y creciente) debilitamiento de las instituciones multilaterales, sino una conducta más coercitiva por parte de las grandes potencias, que privilegian los beneficios transaccionales por encima del consenso internacional. En este escenario, cambian también los micro-órdenes regionales. Y es precisamente lo que está ocurriendo en el Asia-Pacífico.

Luego de la Segunda Guerra Mundial se constituyó en la región un ligero equilibrio propio de la Guerra Fría, donde los dos grandes bloques, capitalismo y comunismo, se dividieron y disputaron los territorios. Por cierto, allí, en la península coreana, la Guerra Fría fue todo menos fría. La Guerra de Corea (1950-1953) fue cruenta y sanguinaria; dejó entre tres y cuatro millones de muertes, y dos países (uno comunista, otro capitalista) en condición oficial de guerra hasta hoy.

Japón -que desde finales del siglo XIX había sido la potencia colonial que quería dominar el norte y el sudeste asiático, habiendo invadido y ocupado, entre otros, territorios de China, Corea, Filipinas, Taiwán (concedida a Japón por el imperio chino en 1895, al perder la primera guerra sino-japonesa)- terminó su carrera imperialista en la región de manera profundamente dolorosa: las bombas de Hiroshima y Nagasaki hicieron inevitable su rendición en agosto de 1945. A partir de ello, de la presión de los EEUU, y del orden internacional de la posguerra, que proclamaba la paz y reglas para morigerar la conducta de los países, Japón se declaró en el artículo 9 de su Constitución de 1947, en un país pacifista., que renuncia permanentemente a la guerra y al uso de la fuerza para resolver disputas internacionales, comprometiéndose además a no mantener capacidades militares con fines bélicos ni a ejercer el derecho de beligerancia.

No obstante, ello no significa que no tenga fuerzas militares. Las tiene, aunque las denomina fuerzas de autodefensa. Además, el archipiélago japonés alberga el mayor número de bases militares estadounidenses del mundo. En base a los acuerdos posteriores a 1947 y a la revisión doctrinaria de 2015, Japón contempla tres modalidades de respuesta ante conflictos: autodefensa ante un ataque directo; autodefensa colectiva en situaciones de “crisis existencial”; y apoyo logístico a EEUU en escenarios de “influencia crítica”.

En ese orden de posguerra surgió en Asia-Pacífico un triángulo de colaboración para la seguridad entre Corea del Sur, Japón y Taiwán, alineado con EEUU. Su objetivo fundamental fue contener al comunismo en la región. En 1971, la ONU desconoció a Taiwán (República de China) como país y como miembro del Consejo de Seguridad, otorgando esos reconocimientos a la República Popular China. Aunque ello no rompió el triángulo de seguridad, sí empoderó a China. Luego, su emergencia económica acrecentó su influencia regional y global, aumentando también la presión para recuperar Taiwán.

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