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Lolo Miño
Lolo Miño
Maria Dolores Miño es abogada especializada en derecho internacional, derechos humanos y derecho constitucional. Ha trabajado en la Comisión Interamericana de DDHH, Fundamedios y ha sido consultora de varias ONGs y organismos internacionales. Dirige el Observatorio de Derechos y Justicia y es docente de pregrado y posgrado.

Recuperar la Dignidad

En el último mes, varios incidentes han demostrado algo que quizás un sector importante de la opinión pública se negaba a reconocer, y es que el Ecuador está despeñándose hacia una deriva autoritaria sin precedentes. Esto no quiere decir que en el pasado otros gobiernos no hayan sido autoritarios, pero lo que asusta hoy, es  la velocidad con la que se ha dado la casi absoluta captura de las instituciones del Estado, y la brutalidad de las acciones para neutralizar a los críticos y opositores, que son vistos como enemigos a eliminar. Todo esto agravado, además, por un contexto de supuesto conflicto armado interno, con elevada militarización y mayor restricción a las libertades civiles.

El discurso oficial que había venido funcionando bien  desde 2023,  de que todo crítico es “correísta” (y desde esa narrativa, sinónimo de “corrupto” o “GDO”) ya no se sostiene, cuando los blancos de los ataques oficiales son precisamente quienes con más fervor se opusieron en su tiempo al correísmo y  que hoy también son críticos, por las mismas razones, del gobierno de turno: por la falta de límites al ejercicio del poder, por los crecientes escándalos de corrupción que no llegan a fiscalizarse ni esclarecerse, por la intolerancia a la crítica, por el desprecio hacia quien tiene posturas políticas distintas, por la abierta confrontación hacia quienes defienden libertades civiles.

El acoso mediático y judicial a Gabriela Panchana, el ataque digital coordinado y liderado por altos funcionarios públicos contra el expresidente Osvaldo Hurtado, y la reciente salida de Roberto Aguilar como editorialista de Diario Expreso por presión estatal, deben ser tomados como una estrepitosa alarma del peligro que corremos todos los ciudadanos, frente a un poder desbocado y carente de ideología. Porque si alguno creyó que por definirse “de derecha” o por ser abiertamente “anticorresísta” estaría libre de los tentáculos del poder, se equivocó. No olvidemos que los autoritarismos no responden a códigos, a ideología, a principios ni a valores, sino solo a su interés particular. De ahí que el régimen actual sea un refrito inexplicable de ex correístas, ex socialcristianos y ex IDs, todos buscando arrimarse a lo que seguramente creerán, hoy es un mejor árbol. Y por eso es que tanto camisetero ha logrado filtrarse exitosamente en esas filas, donde  la coherencia y la postura política es lo de menos. Esto es a todas luces evidente, pues ningún partido o gobierno que en realidad fuera “anticorreísta” y que despreciara en realidad a “la vieja política”, se hubiera construido con todo eso que tanto dice querer combatir.

A las puertas de un nuevo proceso electoral, donde la cancha no está solo inclinada sino de plano, vertical, es fundamental saber por qué y por quién vamos a votar. Es importante, como electores, ser críticos a la hora de analizar los discursos de los candidatos. ¿Basta con decirse “anticorreísta” reclacitrante para ser idóneo? ¿Decir, de boca para afuera, que se es “outsider” o no ser “de la vieja partidocracia” es garantía de decencia y de ética en el manejo de lo público?  Espero que estos dos últimos años hayamos aprendido, a costa de tener a la democracia en piltrafas, que no.

La apuesta debe ser siempre por la democracia. Una que exige que no callemos frente a los abusos del poder, y que tomemos posturas claras a la hora de defender a quienes son víctimas de su inclemencia. Nuestro deber de rescatar lo poco que queda de la democracia exige que  rechacemos a las veletas políticas, a los oportunistas y a los dicharacheros. Debemos repudiar a quienes  que han convertido  nuestro derecho sagrado de elegir el destino político de nuestro país en un circo de cuarta, y que a diario insultan nuestra inteligencia con tendencias vacías de tiktok, discursos que promueven la deshonestidad entre los jóvenes y noticias falsas que buscan dividirnos.  Esos que, por tener un centímetro de poder, han permitido, callado y hasta aplaudido arremetidas brutales contra el Estado de Derecho, no pueden ser premiados con el apoyo  y la confianza del pueblo ecuatoriano, que debe, con urgencia, recuperar  su dignidad.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/a y no reflejan la postura editorial de Ecuador Chequea.