La encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV, llega cuando la inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista y empezó a intervenir en casi todo: el trabajo, la educación, la política, la guerra y, por supuesto, la información que consumimos cada día.
Conviene decirlo desde el inicio: el problema no es la tecnología, sino el poder que se organiza alrededor de ella.
La inteligencia artificial puede ayudar a investigar mejor, procesar grandes volúmenes de información, traducir, ordenar datos y encontrar patrones. También puede servir para monitorear agresiones, documentar abusos y proteger derechos. Pero esa misma tecnología puede fabricar mentiras a escala industrial, suplantar voces, producir imágenes falsas, automatizar campañas de desprestigio y llenar el espacio público de basura informativa con apariencia de verdad.

