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Gabriel Recalde
Gabriel Recalde
Es abogado especialista en Derecho Laboral y Seguridad Social. Su enfoque profesional combina el análisis técnico-jurídico con la verificación de datos y la pedagogía ciudadana sobre el mundo del trabajo.

Más allá de la excepción: el desafío de construir un país seguro y sostenible

Los elementos confluyentes entre la política, la economía y las condiciones sociales constituyen un entramado complejo que urge entender y reconfigurar si aspiramos a consolidar un país con un futuro sostenible. Históricamente, la armonía entre estos factores ha permanecido fracturada por desajustes estructurales en las cuentas públicas, promesas rezagadas en la atracción de inversión privada y un crecimiento económico que sigue sin despegar de manera equitativa. Es precisamente este factor el que, al recrudecer en el ejercicio del poder, ralentiza de forma directo el bienestar social de los ciudadanos.

La experiencia de nuestra tradición republicana nos demuestra que, si bien las transiciones políticas han buscado sostener el marco democrático y constitucional, las políticas económicas han carecido de un norte único. Con cada administración, el país asiste a una reconfiguración radical de las reglas del juego. Esta inestabilidad en la conducción económica constituye un factor de retroceso constante; un péndulo que impide planificar a mediano y largo plazo a pesar de que, en el plano netamente político, el Estado intente mantener a flote las libertades individuales y colectivas.

A este escenario se suma un elemento sustancial y profundamente arraigado: el debilitamiento de la institucionalidad. La norma y los procedimientos, aunque a menudo endebles, deberían guiar de forma irrestricta el accionar del poder político y la correspondiente conducta ciudadana. Sin embargo, nos enfrentamos a una cultura ligada al distanciamiento y al sutil incumplimiento de las directrices emanadas de la Administración Pública.

Este resquebrajamiento institucional se ve reflejado en el síntoma más crítico de nuestra realidad actual: la inseguridad. Tras dos años de gestión del presidente Daniel Noboa, marcados por continuos estados de excepción, toques de queda y militarización, queda en evidencia que contener el desborde criminal no es una tarea que se resuelva únicamente en el plano reactivo. La verdadera encrucijada del Estado actual no es solo mitigar los índices de violencia a corto plazo, sino responder con rigor técnico cómo se va a lograr un país seguro, predecible y sostenible económica y políticamente con una perspectiva clara para el futuro.

La recuperación del bienestar humano y social no vendrá de la mano de soluciones coyunturales ni del sacrificio de la responsabilidad del Estado frente a sus ciudadanos a cambio de dar un alivio momentáneo al aparato fiscal. La alternativa real radica en maximizar y reestructurar de manera integral los instrumentos de equilibrio social existentes. Un ejemplo urgente de esto es lograr el engranaje definitivo entre el sistema educativo nacional y la matriz productiva del país, asegurando que las futuras generaciones encuentren en el Ecuador un terreno fértil para el empleo digno, la seguridad y el desarrollo estable. El futuro sostenible del país dependerá de la firmeza con la que se respete la institucionalidad y se planifique la economía más allá del periodo de turno.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/a y no reflejan la postura editorial de Ecuador Chequea.