Un informe de World Vision Ecuador revela que uno de cada tres niños de 7 a 10 años tiene exceso de peso, mientras la mayoría no puede pagar una dieta saludable de $3,18 diarios.
Una parte de la niñez ecuatoriana enfrenta una doble carga de malnutrición que combina déficit alimentario con exceso de peso. Un informe presentado hoy por World Vision Ecuador revela que 32,9% de niñas y niños de 7 a 10 años tiene sobrepeso u obesidad, 14,5% con sobrepeso y 18,4% con obesidad, en un contexto donde la mayoría de hogares vulnerables no puede costear una dieta saludable.
El estudio, basado en una muestra de 600 niños y niñas, señala que el 65,3% está en rango normal de Índice de Masa Corporal, IMC, pero advierte que el peso del problema está en los extremos. “Estas cifras reflejan una creciente carga de exceso de peso en la infancia”, dice el informe.
Así, la investigación advierte que el problema no es solo cuánto se come, sino qué se come. “Comer no siempre equivale a alimentarse bien”, señala el informe, que recoge testimonios de niños que describieron dietas repetitivas basadas en arroz, huevo, fideos o plátano, con ausencia frecuente de proteínas, frutas, verduras y lácteos.

El director país de World Vision Ecuador, Esteban Lasso, explicó que esta situación responde a una combinación de pobreza, entorno alimentario y hábitos. “En el Ecuador vivimos una dualidad extraña, tenemos desnutrición por un lado, pero sobrepeso y también obesidad”, manifestó,
Lasso detalló que los patrones de consumo infantil están marcados por productos de bajo costo y alta carga calórica. “Comen cereales azucarados, papas fritas, comida rápida, hamburguesa, pizza, mucho caramelo, bebidas azucaradas, todo esto no aporta a una nutrición equilibrada”, indicó
El informe también señala que una dieta saludable cuesta al menos 3,18 dólares por día por persona. Sin embargo, ese umbral resulta inalcanzable para gran parte de la población estudiada. “Yo diría que la mayoría” de los hogares analizados no cubre ese costo, afirmó Lasso, al señalar que el estudio se centró en grupos vulnerables afectados por pobreza, exclusión y desigualdad.
Así, esta falta de acceso se refleja en el índice de inseguridad alimentaria elaborado por Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FIES por sus siglas en inglés).
Así, en hogares rurales, el índice FIES alcanza 2,6, frente a 1,7 en zonas urbanas, lo que implica mayor preocupación por la comida, reducción en la calidad de la dieta y episodios de hambre.
El entorno escolar agrava el problema. Aunque existe normativa para regular los bares escolares, su cumplimiento es limitado. “Lastimosamente no se cumple”, dijo Lasso, quien añadió que las decisiones alimentarias también están influidas por factores emocionales. “Las emociones de los chicos son positivas cuando comen estos alimentos”, manifestó
El informe muestra que, cuando niñas y niños reciben dinero en lugar de alimentos preparados, optan por productos ultraprocesados disponibles en bares y tiendas cercanas, donde pesan más el precio, el sabor y la rapidez que la calidad nutricional.
Lugares con más afectación
En la Costa, el consumo de ultraprocesados está más extendido; en la Amazonía, el principal problema es el acceso. “Si tú vives en Taisha, no van a llegar alimentos frescos y diversos”, explicó Lasso, subrayando que la geografía condiciona la alimentación.
En provincias como Orellana y Esmeraldas se registran los niveles más altos de inseguridad alimentaria, mientras Cotopaxi presenta la menor diversidad dietética. Los testimonios recogidos muestran estrategias de supervivencia: comidas repetitivas, reducción de porciones y compra fiada.
El informe plantea que la etapa entre los 7 y 10 años es una “última ventana” para corregir problemas nutricionales antes de que se vuelvan irreversibles. Las consecuencias de no intervenir son profundas. “No vamos a tener el desarrollo cognitivo, estos chicos muy probablemente van a dejar la escuela”, advirtió Lasso, quien vinculó la malnutrición con menor rendimiento académico, deserción escolar y limitadas oportunidades laborales.
El documento concluye que la malnutrición infantil es un problema de salud pública y de derechos humanos, y llama a una respuesta articulada. “Todos tenemos que articularnos: familia, comunidad, Estado”, insistió Lasso.
Entre las recomendaciones están fortalecer la regulación de bares escolares, mejorar la alimentación escolar con productos frescos y locales, e impulsar incentivos para que empresas apoyen estos programas. También destaca la necesidad de políticas diferenciadas por territorio y de mantener el monitoreo nutricional más allá de la primera infancia.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) proyecta superar los 80.000 estudiantes atendidos con alimentación escolar en 2026, como parte de un acuerdo con el Ministerio de Educación que busca duplicar cada año la cobertura del programa en Ecuador.
“Pensamos duplicar cada año el número de estudiantes con quienes estamos cubriendo”, dijo Norman Castillo, técnico del programa de comidas escolares del PMA.
El programa inició con un plan piloto que alcanzó 14 unidades educativas y 14.000 estudiantes, y cerró el año pasado con más de 43.000 beneficiarios, según Castillo.
El modelo aplicado es descentralizado y se adapta a las condiciones de las provincias, dijo. “En algunos casos, la comida se entrega a media mañana como complemento o sustituto del desayuno escolar; en otros, funciona como almuerzo para estudiantes que recorren largas distancias”, indicó.
El objetivo, sostuvo, es garantizar al menos una ración diaria completa. “Lo que buscamos es proveer un plato de comida caliente al día que se componga de todos los grupos nutricionales asegurando de esta manera equidad en la alimentación”, señaló.
El esquema prioriza alimentos de producción local de las propias comunidades beneficiarias. “Son alimentos que provienen de productores de la agricultura familiar campesina*”, indicó Castillo, quien añadió que estos manejan criterios agroecológicos que permiten una mayor trazabilidad y calidad nutricional.

