Durante las últimas semanas he leído publicaciones de diversos columnistas y caricaturistas que anuncian su salida de diario El Universo. Se trata de un éxodo que nace con la venta del tradicional medio de comunicación. Un medio vendido, en el estricto y figurativo sentido de la palabra, que ha causado el exilio de sus escritores.
Los que se van lo hacen dejando mensajes en sus redes sociales personales y aducen que sus posturas ya no son bienvenidas por la nueva línea editorial del diario. Aseguran que se trata de un giro que obedece a las dinámicas de los medios privados. Se despiden de sus lectores luego de varios años y afirman que esperan encontrar otros espacios para seguir expresando su opinión. Parece ser que cada vez existen menos lugares para ellos. Aunque los que se van atenúen sus salidas con palabras bastante bien seleccionadas, pienso que lo hacen porque el medio dejó de tolerar sus opiniones críticas sobre el gobierno. Nótese que no digo «en contra», sino «sobre».
Sin duda, estas son malas noticias para nuestro país. La democracia se construye con base en la pluralidad. De esta se derivan las diversas posturas y opiniones que nutren el debate público. Nace la crítica constructiva, el reconocimiento de los méritos propios y ajenos, y el intercambio de ideas entre los sujetos que componen la sociedad. Cada columna es una invitación a la reflexión, la concordancia y, por supuesto, a la discrepancia. Si los medios de comunicación masiva prescinden de las voces críticas, el debate público se debilita. Esto hace que la narrativa se concentre bajo una sola visión que, mal administrada, puede conducir al error o incluso a la manipulación. Por eso lamento la salida de los columnistas. No se trata de mis gustos ni de mis intereses. No tiene nada que ver con mi forma de pensar, sino con el hecho de que cada voz que calla es un golpe más contra la democracia ecuatoriana. Eso no es baladí.
En este contexto, mi primera columna tiene un sabor agridulce. Me apena que los que se van de otros medios sean empujados, poco a poco y ante la impávida mirada de la sociedad, hacia el silencio. Frente a esta dura realidad, siento orgullo de ser parte de este nuevo espacio y compartir con grandes columnistas en un medio que, a pesar de todos los desafíos, se atreve a comunicar con rigor. Sean todos bienvenidos a este espacio en el que, cada quince días, procuraré decir lo que pienso. Espero que sea duradero; sin embargo, si un día sufre un cambio de «línea editorial» tengan por seguro que seguiré el ejemplo de los que se apartaron de quienes se muestran intolerantes a la disidencia.
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