Las intensas lluvias del domingo 4 de octubre reavivaron el temor entre los habitantes de La Comuna, afectados por los aluviones de 2022 y 2024. Mientras esperan la conclusión de las obras en la quebrada El Tejado, la Epmaps asegura que reforzó el mantenimiento del sistema de drenaje y busca ampliar la capacidad de retención de la quebrada de 8.000 a 30.000 metros cúbicos.
Una rejilla de alcantarillado rota y cubierta con fundas plásticas recibe a quienes llegan a pie o en vehículo al barrio de La Comuna Baja, tras subir desde La Gasca. Un letrero con letras mayúsculas negras sobre un fondo blanco advierte “ZONA DE AMENAZA DE FLUJOS DE LODO”. Desde este sector elevado se divisa gran parte del centro-norte y del norte de Quito.

A pocos metros está la zona que quedó cubierta de lodo en abril de 2024, cuando un deslave descendió con fuerza desde las partes altas del sector. Según el balance oficial del Municipio de Quito, el deslave dejó una persona muerta, cuatro heridas, 103 afectadas y 55 damnificadas.
Tras las fuertes lluvias del domingo, que, según el Inamhi, en algunos sectores de la capital, cayó en pocas horas, casi la mitad de los 113 litros por metro cuadrado previstos para todo el mes en el norte de la ciudad, las autoridades aseguran que el sistema de colectores y alcantarillado está preparado para afrontar la temporada de lluvias. Sin embargo, algunos vecinos de La Comuna expresan su preocupación, ya que el recuerdo de los aluviones de 2022 y 2024 aún está intacto.

“Estamos un poco preocupados, asustados, por lo que ya pasó con el aluvión. Y, más que todo, por la lluvia del domingo, que fue súper fuerte. Gracias a Dios no pasó nada, pero sí creo que todos estamos un poco preocupados”, manifestó Solange Meza, vecina del sector, quien señaló que aún esperan la conclusión de las obras de ampliación de la quebrada El Tejado.
Otros tres vecinos también expresaron su esperanza de que esta obra sea una “solución definitiva” al riesgo de deslizamientos que históricamente ha afectado al barrio.
“Me imagino que con lo que están cavando sí evitarán que haya otros aluviones, pero todavía falta bastante. Durante meses, las volquetas trabajaban toda la noche, bajando la loma que había ahí”, manifestó el vecino Segundo Cóndor, de 65 años de edad, propietario de una mecánica que él mismo construyó en 2011, en pleno ingreso a la Comuna Alta.
“Eso es lo que más nos preocupa acá, después de la muerte de amigos y vecinos del barrio en los aluviones: el primero bajó arrastrando todo y el segundo chocó contra la casa de un vecino. Si no hubiera sido por eso, también habría arrastrado todo”, agregó
“Sí están preocupados porque las lluvias son lo contrario de la temporada seca y, al bajar, pueden dañar las casas y provocar inundaciones”, dijo José Roldán, vendedor de aceites, condimentos y frutos secos de la empresa Condimensa, quien durante la mañana y la tarde de ayer recorrió a pie decenas de tiendas de La Comuna Alta, La Comuna Baja y La Gasca.
“Por eso, hay que limpiar las alcantarillas para que toda el agua vaya corriendo y no haya inundaciones”, agregó mientras señalaba una rejilla de alcantarillado rota y obstruida con basura, justo en el ingreso a La Comuna Baja.
Pese a esta situación, los mismos vecinos señalaron que desde el año pasado no se han organizado para realizar una minga de limpieza de las rejillas del alcantarillado. Algunos afirmaron haber recibido charlas de personal municipal sobre la importancia de mantenerlas despejadas, mientras que otros dijeron no haberse enterado de esas actividades.
Pora ahora, esa rejilla obstruida con basura contrasta con los llamados que la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento, Epmaps, y el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) piden a los ciudadanos no arrojar basura en calles ni quebradas y reportar rejillas dañadas u obstruidas al 1800 24 24 24.
Cerro borrado del mapa
En la zona, los trabajos de ampliación de la quebrada han transformado el paisaje. Una parte del cerro prácticamente ha desaparecido por la remoción de tierra, mientras que los taludes han quedado revestidos con un gigantesco muro de concreto provisto de desfogues.


“Por lo menos se han retirado unas 60 toneladas”, manifestó un obrero que trabaja en la ampliación de la quebrada El Tejado, tras concluir su jornada al mando de una de las tres grandes excavadoras hidráulicas sobre “orugas” que removía tierra en el sector hasta el final de la tarde.
Hasta el cierre de esta nota, la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps) no había respondido a una solicitud de información sobre el avance de la obra, que según el propio Municipio comenzó en febrero de este año con un plazo de ejecución de un año calendario.
Pese a todo, el juego
A menos de 50 metros del pie del cerro, en pleno ingreso a La Comuna Alta, también se encuentra la cancha de vóley, que anteriormente estaba ubicada en la parte baja del sector, donde recibió el impacto directo del deslave de abril de 2024.


La tarde de ayer, luego de realizar carreras para transportar pasajeros, los taxistas de la cooperativa disputaban su tercer partido de vóley.
El gerente de esta cooperativa, Holger Yaisaguano, manifestó que, a mediados de este año, conforme avanzaban los trabajos de remoción de tierra del cerro y la construcción de un gran muro de contención, retomaron esta actividad. “Volvimos a jugar un poco más tranquilos, porque ya con los terminados del muro de contención parece que está menos jodido, no es como las otras veces que estaba desordenado y sucio, ahora está menos jodido en tiempo de lluvias”, sostuvo.
Contraste
La preocupación de los vecinos contrasta con las cifras de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento, Epmaps, que asegura haber intensificado el mantenimiento del alcantarillado y las estructuras de captación de las quebradas ante la temporada de lluvias. Sin embargo, la propia entidad reconoce que las precipitaciones intensas, acompañadas de granizo y basura, pueden impedir que el agua ingrese a los colectores, incluso cuando estos se encuentran limpios.
Eso ocurrió, precisamente, el domingo 4 de octubre, cuando, según registros del Instituto Nacional de Hidrología y Meteorología, Inamhi, en pocas horas del fuerte aguacero, en el sector de El Bosque, norte de Quito, cayó 66,1 litros de agua por metro cuadrado. Es decir, en un solo día cayó más de la mitad de lo que normalmente llueve durante todo octubre (58,5%).
En Cotocollao cayó casi un tercio de la lluvia habitual de todo el mes (30,6%); en Bicentenario, más de una cuarta parte (27,9%); y en Bellavista, aproximadamente una cuarta parte (25,7%).
En Rumihurco cayó algo más de una quinta parte de lo habitual para octubre (22,3%), mientras que en Iñaquito apenas se registró una séptima parte (13,6%). En Cumbayá cayó casi una quinta parte de lo habitual para todo octubre en los valles (17,9%). No se proporcionaron mediciones del domingo para el sur de Quito.
Lo que se hace o ha se hizo
Según Ernesto Fonseca, subgerente de Saneamiento de Epmaps. El funcionario explicó que en sectores como La Y, El Labrador y la avenida Mariscal Sucre, cerca de El Bosque, se acumularon capas de granizo de aproximadamente 60 centímetros que obstruyeron las rejillas y provocaron inundaciones. La emergencia obligó a movilizar maquinaria pesada para retirar el material.
“Lo que no permitió que el agua ingrese fue la acumulación del granizo”, sostuvo Fonseca, quien aseguró que las inspecciones posteriores comprobaron que los sumideros estaban limpios. Según explicó, una vez retirado el hielo y los residuos, el agua volvió a circular hacia los colectores.


La empresa informó que durante esa jornada ejecutó 27 acciones de atención, limpieza, inspección y monitoreo en distintos sectores de Quito. Para enfrentar las emergencias desplegó 45 trabajadores y 19 vehículos y equipos, incluidos seis hidrosuccionadores. Las intervenciones también alcanzaron las estructuras de captación de las quebradas Singuna y El Condado, donde se detectaron desechos sólidos.
El problema no se limita a las rejillas
Fonseca reconoció que determinados pasos deprimidos presentan dificultades estructurales para evacuar las lluvias. En la avenida Naciones Unidas, por ejemplo, explicó que no existe un colector con salida por gravedad porque la pendiente del terreno impide construir el túnel necesario para descargar el agua. Por eso, señaló, ese punto requiere mantenimiento y vigilancia permanentes.
En las laderas del Pichincha, donde nacen varias quebradas que atraviesan sectores poblados, la estrategia es distinta. Allí funcionan estructuras destinadas a retener piedras, lodo y otros materiales arrastrados por las corrientes antes de que ingresen a los colectores o desciendan hacia las viviendas.
La quebrada El Tejado, uno de los puntos más sensibles
Fonseca reconoció que, cuando ocurrieron los aluviones de 2022 y 2024, la capacidad original de retención era de apenas 4.000 metros cúbicos. Después de esas emergencias, aseguró, fue duplicada a 8.000 metros cúbicos. La obra actualmente en ejecución busca elevarla a 30.000 metros cúbicos, una capacidad 7,5 veces superior a la inicial.
“Con eso tratamos de minimizar el evento que pueda hacer que tengamos algún otro desbordamiento”, afirmó el funcionario.
Fonseca señaló que el reservorio podría estar terminado a finales de este año o comienzos de 2027. Añadió que se instalaron dos barreras dinámicas para retener materiales sólidos. No precisó el porcentaje de avance físico de la obra ni presentó estudios que permitan establecer qué magnitud de aluvión podría contener.
¿Y en el resto de la ciudad?
Mientras los vecinos de La Comuna esperan que concluyan estos trabajos, Epmaps sostiene que su Plan Lluvias 2026-2027 contempla una inversión de 9,66 millones de dólares. Según su balance oficial, entre enero y el 2 de octubre se limpiaron 179.006 sumideros y se retiraron 35.801 metros cúbicos de sedimentos y basura, equivalentes a unas 3.580 volquetas. También se repusieron 2.080 rejillas y tapas.
En las quebradas, la empresa reportó 230 intervenciones de limpieza, con 19.903 metros cúbicos de material desalojado, además de 250 sobrevuelos con drones para vigilar las laderas del Pichincha.
A esas intervenciones se suman tres proyectos de colectores anunciados por el Municipio en mayo. El Eloy Alfaro, en El Inca, fue reportado como operativo, con una inversión de 4,5 millones de dólares. El Habas Corral, en el noroccidente, registraba un avance del 100% y una inversión de 1,7 millones. El Granados, con 3,4 millones presupuestados, tenía entonces un avance del 71%. Los tres proyectos representan una inversión anunciada de 9,6 millones de dólares, aunque la información publicada no permite confirmar su estado actualizado a octubre.

