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Pablo Encalada
Pablo Encalada
Abogado penalista especializado en litigios de alta complejidad. Su práctica se enfoca en la defensa de personas naturales y corporaciones, nacionales e internacionales. X (@pencaladah) / Posts / X

Ni tiranía de expertos, ni demagogia de redes

Lo que originalmente era una de las mejores noticias en este gobierno, la construcción del edificio que albergará al Museo Nacional en el hipercentro de Quito, se convirtió en una polémica que parece no tener el mejor desenlace. A raíz de esto se generó otro debate, sobre el valor de la opinión de los expertos versus la opinión de los ciudadanos. Esto a propósito de un artículo de Felipe Rodríguez “El ocaso de los expertos”, quien, con su pluma siempre afilada y provocadora, desató varias reacciones en contra.   

La discusión no es nueva, aunque se ha agudizado en los últimos tiempos porque parafraseando a Umberto Eco, las redes sociales les han dado el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes solo lo hacían borrachos en el bar. La cuestión es ¿qué opinión es más importante, la de los ciudadanos o la de los expertos?

El extremo de la tecnocracia nos lleva a pensar que solo los expertos pueden tomar decisiones, de ahí que muchos opinen, por ejemplo, que los asambleístas nacionales deban ser abogados. Eso es la tiranía de los expertos. Por el contrario, el otro extremo, el de la opinión de las mayorías, nos lleva al absurdo de discutir a la ciencia sin más que con nuestro parecer, como ocurrió en los primeros meses de la pandemia.

La importancia de este debate radica en que la opinión de los ciudadanos es fundamental para elegir los rumbos políticos, y la opinión de los expertos nos asegura mejores decisiones, sobre todo en áreas técnicas como la generación eléctrica, por ejemplo.

Y no es que alguien diga que los idiotas, en palabras de Eco, no tengan derecho a opinar. Nadie discute aquello. El punto es qué tan importante es la opinión de la gente, incluso la de los idiotas. Y en esta categoría bien podrían incluirse a los expertos en un área del conocimiento, que no tienen la inteligencia para reconocer su ignorancia en el resto. 

Por eso mismo, porque nadie tiene el monopolio de la razón, las sociedades se desarrollan cuando los ciudadanos se involucran en las decisiones políticas. Cuando se enteran de los problemas, participan del debate, protestan, cuestionan, aportan soluciones. Invalidar la opinión del ciudadano no experto lo aleja del debate público, y cuando aquello ocurre deja a la sociedad expuesta ante caudillos. 

En el caso del Museo Nacional ¡claro que la opinión de la ciudadanía era importante! Pero no para anular el concurso como lo hizo el gobierno, sino para que nos convenzan de por qué el proyecto fue el ganador. Y no solamente con discurso de autoridad por la calidad del jurado, sino con las razones que sostienen esa decisión.

Las opiniones expresadas son responsabilidad exclusiva del autor/a y no reflejan la postura editorial de Ecuador Chequea.