Analistas consultados por Ecuador Chequea creen que un gobierno de Abelardo de la Espriella podría mejorar la relación diplomática y comercial con Daniel Noboa. Pero advierten que una política de seguridad más dura en el sur de Colombia puede generar desplazamientos, tensión social y presión sobre la frontera ecuatoriana.
La victoria preliminar de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta presidencial de Colombia puede abrir una etapa de mayor sintonía política con Ecuador, sobre todo en comercio, seguridad y cooperación con Estados Unidos. Pero también puede traer riesgos inmediatos para la frontera norte: más presión militar contra grupos armados y narcotráfico, posibles desplazamientos, tensión social en zonas cocaleras y un eventual traslado de estructuras criminales hacia territorio ecuatoriano.
Ese es el balance de cinco expertos consultados por Ecuador Chequea tras el preconteo electoral colombiano, que dio ventaja al candidato de derecha frente al senador de izquierda Iván Cepeda. Aunque el resultado definitivo depende del escrutinio oficial, los analistas coinciden en que un gobierno de De la Espriella marcaría un cambio profundo frente a la relación que Ecuador mantuvo con el presidente Gustavo Petro.
Así, explicaron que Ecuador enfrenta tres desafíos. Primero, aprovechar la posible distensión comercial sin quedar atrapado en una escalada de seguridad en la frontera. Segundo, la cooperación contra el crimen organizado puede mejorar el intercambio de inteligencia, el control de pasos irregulares y la persecución de economías ilegales. Y, tercero, si Colombia retoma fumigaciones o bombardeos cerca de la frontera, Quito deberá activar planes de contingencia migratoria, sanitaria, ambiental y humanitaria.
Los expertos también coincidieron en destacar dos consecuencias para Ecuador. Por un lado, Quito podría encontrar en Bogotá un socio más cercano para recomponer la relación diplomática y comercial deteriorada en los últimos meses. Por otro lado, Ecuador deberá prepararse para los efectos colaterales de una política colombiana de seguridad más dura en una frontera donde confluyen cultivos ilícitos, laboratorios de droga, grupos armados, contrabando, minería ilegal y comunidades históricamente abandonadas por el Estado.
Gilda Guerrero, comunicadora especializada en Relaciones Internacionales y docente de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, dijo que el triunfo preliminar de De la Espriella representa “un viraje completo” frente al periodo de Petro, cuya relación con el presidente Daniel Noboa estuvo marcada por diferencias ideológicas.
Guerrero prevé una alineación más clara en seguridad, apertura comercial y cooperación internacional. A su criterio, De la Espriella se acerca a la línea de Estados Unidos para enfrentar al crimen organizado, lo que podría facilitar acuerdos con Ecuador. También cree que el comercio y el intercambio eléctrico podrían volver a fluir con menos tensión política.
La relación comercial venía golpeada. A partir del uno de febrero anterior, Ecuador impuso una tasa de seguridad del 30% sobre mercancías originarias o procedentes de Colombia. Colombia respondió con medidas arancelarias sobre productos ecuatorianos y suspendió temporalmente las transacciones internacionales de electricidad con Ecuador. El conflicto escaló hasta la Comunidad Andina, donde Colombia cuestionó restricciones ecuatorianas al paso de crudo colombiano por el CEBAF San Miguel.
Para Jorge Calderón, economista y analista económico, la elección de De la Espriella “abre un campo más positivo para Ecuador”. Según Calderón, las relaciones con Petro “no estaban del todo bien” y un gobierno colombiano más alineado con Noboa puede facilitar la normalización política, comercial y fronteriza.
Calderón recordó que Colombia es un socio clave para Ecuador. El intercambio incluye energía eléctrica, fármacos, insumos médicos, insumos agrícolas, pañales, telas, arroz y textiles. A su juicio, una relación más fluida dependerá también de los nombres que designe el nuevo gobierno colombiano en la Cancillería y en la Embajada en Quito.
Juan Camilo Molina, analista internacional y docente del IAEN, coincidió en que el primer efecto es la no reanudación o del impase diplomático y comercial. Pero advirtió que no basta la afinidad ideológica entre Noboa y De la Espriella. Se requieren decisiones concretas: reapertura y normalización de pasos fronterizos, revisión de aranceles y una agenda binacional para Rumichaca, San Miguel, la Amazonía y la zona costera de Esmeraldas.
Molina señaló que la frontera no solo vive del comercio formal. Cuando se cierran pasos o se endurecen controles sin coordinación, aumentan los pasos irregulares, los costos de transporte y la exposición de la población a economías ilegales.
Las preocupaciones
De la Espriella hizo campaña con un discurso de mano dura contra el narcotráfico, los grupos armados y el crimen organizado. Molina describió su enfoque como una “remasterización 2.0” de la seguridad democrática aplicada durante el gobierno de Álvaro Uribe, pero con nuevas tecnologías: drones, inteligencia artificial, inteligencia militar, bombardeos selectivos, megacárceles y una ofensiva más directa contra cultivos de coca.
Guerrero también ve la posibilidad de un retorno a políticas similares a las aplicadas durante el Plan Colombia, especialmente fumigaciones y operaciones en frontera. Para Ecuador, dijo, el riesgo es un “efecto globo”, al aumentar la presión militar en el sur colombiano, grupos armados, economías ilegales o población desplazada podrían moverse hacia el lado ecuatoriano.
Ese escenario preocupa porque el sur de Colombia concentra zonas críticas para el narcotráfico. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito reportó que los cultivos de coca en Colombia llegaron a 253.000 hectáreas en 2023, con un aumento del 10% frente a 2022, y que la producción potencial de cocaína subió 53%. Departamentos como Nariño, Cauca y Putumayo figuran entre las zonas más afectadas por la expansión cocalera y la presencia de grupos armados.
Gustavo Gaitán, analista internacional y consultor político colombiano, dijo que habrá un estrechamiento entre Noboa y De la Espriella, pero advirtió que las políticas de fumigación y bombardeo contra cultivos de coca pueden provocar incidentes y desplazamientos de campesinos hacia Ecuador, como ocurrió en etapas anteriores del conflicto colombiano.
Alexcanciller Mauricio Gándara, en cambio, le preocupa la gobernabilidad. Para él, Colombia refleja una tendencia regional: sociedades partidas casi por mitades entre derecha e izquierda. Esa división, dijo, limita el margen de acción de cualquier gobierno y vuelve impredecible el rumbo sudamericano.
Sobre este tema, Gaitán recordó que en los departamentos colombianos de frontera, como Nariño, Putumayo y Amazonas, el candidato derrotado, Iván Cepeda, tuvo respaldo importante. A su juicio, eso significa que De la Espriella no tendrá un “cheque en blanco” para aplicar su agenda de seguridad en esas zonas.
Molina hizo una advertencia similar. La frontera colombo-ecuatoriana debe ser tratada como un territorio social, económico y político, no solo como un corredor de seguridad. Según el analista, el nuevo gobierno colombiano tendrá que dialogar con regiones donde su propuesta no fue mayoritaria y donde las fumigaciones generan resistencia por sus posibles impactos en salud, cultivos lícitos, ambiente y seguridad alimentaria.
Esa falta de mayoría también aparece como límite para De la Espriella. Guerrero advirtió que sus propuestas de seguridad, megacárceles y reformas legales dependerán de su capacidad para construir acuerdos en el Congreso. Molina señaló que el Pacto Histórico y otras fuerzas opositoras conservarán peso legislativo, lo que puede frenar o modificar parte de la agenda presidencial.

