La Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. usa el término “nuestro hemisferio”. Explicamos qué significa, su origen histórico y su impacto para América Latina.
La estrategia geopolítica de Estados Unidos hacia América Latina volvió a llamar la atención internacional tras el inicio de un proceso judicial contra Nicolás Maduro, en un tribunal federal de Manhattan. Ahí, se presentaron cargos por narcotráfico y narcoterrorismo contra el depuesto presidente de Venezuela capturado el fin de semana durante un operativo militar de las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Tras la captura, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró que si la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, no actúa “correctamente”, “pagará un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro”, dejando abierta la posibilidad de nuevas acciones militares o de presión política.
Además, exigió “acceso total” al petróleo venezolano para que empresas estadounidenses puedan invertir en el país. Este lunes, Trump reiteró sus declaraciones luego de haber afirmado durante el fin de semana que Estados Unidos gobernará Venezuela hasta que se produzca una transición ordenada.
¿Qué está detrás de estas declaraciones de Trump?
La respuesta está en la denominada Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSS por sus siglas en inglés) publicada en noviembre de 2025
¿Qué dice exactamente la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos?
La NSS 2025 es un documento de 33 páginas que reordena las prioridades de la política exterior estadounidense bajo un enfoque definido por la administración Trump como “America First” (Estados Unidos Primero).
En la sección dedicada al Hemisferio Occidental, el texto afirma que los “competidores no hemisféricos han avanzado significativamente en nuestro hemisferio” y que esto representa una desventaja estratégica para Washington, tanto económica como políticamente.
En este sentido, el documento identifica al Hemisferio Occidental como una de las principales prioridades de la política exterior y de seguridad del país, al que se refiere de manera explícita como “nuestro hemisferio”.
¿Qué busca específicamente la administración Trump en América Latina?
El documento sostiene que Estados Unidos se plantea tres objetivos principales en “nuestro hemisferio”:
- Un hemisferio estable y bien gobernado para prevenir migraciones masivas;
- Cooperación contra narco-terrorismo y crimen transnacional;
- Un hemisferio libre de incursiones hostiles o dominio de activos clave por parte de actores externos.
Por ejemplo, el documento señala que Washington buscará negar a actores externos la posibilidad de operar “en nuestro hemisferio” y advierte que permitir incursiones de potencias no hemisféricas ha sido “un gran error estratégico” de décadas recientes
¿Qué se entiende por “nuestro hemisferio”?
En términos geográficos, el documento se refiere al Hemisferio Occidental, es decir, América del Norte, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. Sin embargo, el adjetivo “nuestro” introduce una noción política de pertenencia o prioridad estratégica, no una definición cartográfica.
Contexto histórico: de la Doctrina Monroe al “corolario”
En 1823, la Doctrina Monroe estableció que Estados Unidos se opondría a la intervención de potencias europeas en América. Con el tiempo, esa doctrina fue reinterpretada y ampliada para justificar distintas formas de influencia estadounidense en la región.
La Estrategia de 2025 habla explícitamente de “reafirmar y hacer cumplir la Doctrina Monroe” e introduce lo que denomina un “Trump Corollary” (corolario Trump), presentado como una actualización de ese principio para el siglo XXI
A diferencia de los discursos más diplomáticos usados en décadas recientes, el documento adopta un lenguaje más directo sobre preeminencia, exclusión de actores externos y condicionalidad de alianzas.
¿Qué está en juego para Ecuador?
Sin una estrategia regional clara y sin cambios estructurales en la política antidrogas, Ecuador seguirá enfrentando los efectos colaterales de decisiones geopolíticas externas, con impactos directos en su seguridad interna y su estabilidad social. Así lo señalaron dos expertos consultados por Ecuador Chequea, el exsecretario de seguridad del gobierno de Guillermo Lasso, Wagner Bravo y el analista internacional y docente universitario Esteban Santos.
Ambos coincidieron en señalar que el endurecimiento de la política de seguridad y el giro en la geopolítica de Estados Unidos en América Latina, conocida como “Donroe”, está generando efectos indirectos en países como Ecuador, donde el desplazamiento de rutas del narcotráfico y la ausencia de una posición coordinada de los países de la región podrían aumentar la presión en materia de violencia y gobernabilidad.
¿Por qué Ecuador aparece en este escenario?
Ecuador no es un país productor de cocaína, pero su ubicación geográfica, su infraestructura portuaria y sus fronteras porosas lo convierten en un punto estratégico para el tráfico de drogas hacia mercados internacionales. De acuerdo con el experto en seguridad Wagner Bravo, el refuerzo de operaciones estadounidenses en el Caribe ha obligado a las organizaciones criminales a modificar sus rutas.
“Cuando se cierra una vía, el narcotráfico busca otra”, explica Bravo. En este contexto, agregó, el Pacífico se ha convertido en una alternativa, aumentando la presión sobre las costas y puertos ecuatorianos.
Según Bravo, el bloqueo de rutas tradicionales de salida de droga desde el Caribe hacia Estados Unidos y Europa estaría obligando a los carteles a redireccionar el tráfico por corredores alternativos, entre ellos Ecuador, Brasil y, más recientemente, países del Cono Sur.
“El negocio no se detiene. Hay una producción sostenida de cocaína en Colombia, Perú y Bolivia, y una demanda constante en los países consumidores. Cuando se cierra una vía, el narcotráfico busca otra”, señaló Bravo en entrevista.
¿Qué consecuencias tiene ese desplazamiento?
El principal efecto ha sido un aumento de la violencia en zonas costeras, donde grupos criminales se disputan el control territorial y logístico, indicaron Bravo y Santos.
Ecuador cerró 2025 como el año más violento de su historia, un fenómeno que, según Bravo, está vinculado al reacomodo de las rutas del narcotráfico y a la presión sostenida sobre las fuerzas de seguridad.
¿Qué dice el análisis geopolítico?
Desde una mirada internacional, el analista Esteban Santos señala que los países pequeños de América Latina tienen una capacidad limitada para influir en este tipo de escenarios. A su criterio, la región carece de una posición común frente a decisiones unilaterales de las grandes potencias.
“Mientras no exista una voz latinoamericana, un peso regional, países como Ecuador poco o nada pueden aportar”, sostiene Santos. Esto deja a los Estados de la región expuestos a impactos que no controlan, como flujos migratorios o cambios abruptos en las dinámicas de seguridad.
¿Qué papel juega el multilateralismo?
Santos considera que el debilitamiento del multilateralismo y del derecho internacional ha reducido los espacios de contención política. Cuando las potencias ignoran las reglas que promovieron, explica, los organismos internacionales pierden capacidad de mediación y los países en desarrollo quedan con menos herramientas para proteger sus intereses.
¿Por qué la estrategia antidrogas es cuestionada?
Ambos analistas coinciden en que el énfasis en respuestas militares no ha reducido el narcotráfico, sino que ha redistribuido sus efectos. Mientras algunos países consumidores revisan o flexibilizan sus políticas sobre drogas, los Estados de tránsito continúan asumiendo los mayores costos humanos y sociales.
Bravo recuerda que, aunque Ecuador mantiene una estrecha cooperación en seguridad con Estados Unidos, ese alineamiento también puede aumentar su exposición frente a organizaciones criminales desplazadas por las operaciones de la armada estadounidense, la más grande del mundo, en el Caribe.
Santos cuestionó que la lucha antidrogas siga centrada en el uso de la fuerza y no en políticas de desarrollo y corresponsabilidad internacional. Recordó que mientras los países consumidores revisan o flexibilizan sus políticas sobre drogas, los Estados latinoamericanos continúan asumiendo los mayores costos humanos. “Seguimos poniendo la sangre, mientras otros ponen las narices”, afirmó.
¿Qué alternativas plantean los expertos?
Los analistas señalan que una respuesta más efectiva requiere coordinación regional, fortalecimiento institucional y políticas que vayan más allá del uso de la fuerza. Esto incluye desarrollo social, educación y corresponsabilidad internacional, especialmente de los países consumidores.



