«¡Qué rico es ser latino!».
Con esa frase, dicha en español y sin traducción, Bad Bunny abrió su show de medio tiempo en el Super Bowl. No fue una exclamación al pasar ni un gesto folclórico, fue una toma de posición.
Frente a una audiencia de más de 125 millones de personas, el artista puertorriqueño dejó claro desde el inicio que su presencia en el escenario no iba a construirse desde la asimilación cultural, sino desde el orgullo identitario.
Incluso el cartel que anunciaba el evento, «Súper Tazón», escrito también en español, funcionó como un primer quiebre simbólico. En el evento deportivo más visto de Estados Unidos, el idioma históricamente relegado a los márgenes ocupó el centro sin pedir permiso ni ofrecer explicaciones.

Un escenario convertido en territorio cultural
Durante los trece minutos que duró su presentación, Bad Bunny desplegó un recorrido intenso por algunos de sus temas más reconocidos, combinando energía, baile y celebración con una estética profundamente cargada de significado.
El show estuvo atravesado por símbolos de Puerto Rico, carritos de piragua, el cuatro como instrumento nacional, bailarines vestidos de jíbaros y la ya emblemática “casita” rosada que forma parte de su actual imaginario visual.
Nada de eso fue decorativo. Cada elemento funcionó como un recordatorio de origen, pertenencia y memoria. En lugar de diluir su identidad para adecuarse a un escenario global, Bad Bunny hizo lo contrario: reconfiguró el escenario para que su identidad fuera el centro.
Ese gesto transforma un evento de entretenimiento masivo en algo más: una cumbre de visibilidad latinoamericana, donde millones de personas escucharon español sin subtítulos, sin traducciones obligatorias y sin mediaciones que suavizaran el mensaje.

Política sin micrófono
Bad Bunny no pronunció un discurso político explícito. No habló de partidos, no pidió votos, no enumeró políticas públicas. Sin embargo, su show fue leído y vivido, como una declaración política contundente. Porque en determinados contextos, la forma es el fondo.
Desde la elección del repertorio hasta la estética general del espectáculo, el mensaje fue claro:
- La latinidad no es periférica, es central.
- El español no necesita legitimarse: puede dominar una escena global sin disculpas.
- Una cultura históricamente marginada tiene derecho a contar su propia narrativa en el escenario audiovisual más poderoso del mundo.
En un país donde el idioma, el origen y el acento siguen siendo ejes de exclusión y disputa, ocupar ese espacio de ese modo es, en sí mismo, un acto político.

El contexto amplifica el mensaje
El impacto del show no puede entenderse sin el contexto social y político que atraviesan millones de latinos en Estados Unidos. La distribución de artículos con mensajes críticos hacia las políticas migratorias de ICE, mencionada por asistentes y espectadores. conectó directamente con la experiencia cotidiana de comunidades migrantes que viven bajo vigilancia, precariedad y miedo a la deportación.
Aunque esos mensajes no formaron parte explícita del guion televisado, sí fueron parte de la experiencia colectiva que rodeó la presentación.
Para muchas personas, el show resonó no solo como una celebración cultural, sino como un reconocimiento tácito de una realidad compartida.
Las reacciones posteriores lo confirmaron. Las críticas centradas en el idioma, como las que cuestionaron que “no se entendiera nada” de lo que cantaba, revelaron que el conflicto no era musical, sino cultural.
El español, nuevamente, fue leído como provocación simplemente por existir en un espacio que históricamente no le fue concedido.
Para muchas personas latinas, especialmente de ascendencia puertorriqueña, caribeña o migrante, lo ocurrido en el Super Bowl no fue solo entretenimiento. Fue un espejo. Una representación que no explica ni traduce quiénes somos para ser aceptables, sino que se muestra desde dentro, con todas sus complejidades, contradicciones y celebraciones.
Bad Bunny no actuó como embajador de una identidad edulcorada. Actuó como parte de una comunidad viva, diversa y politizada por su propia experiencia histórica.

Más allá del show
El Super Bowl suele ser presentado como un evento deportivo, comercial y apolítico. Sin embargo, cada show de medio tiempo es también una disputa simbólica sobre quién puede ocupar el centro del relato cultural. En ese marco, la presentación de Bad Bunny no solo rompió expectativas: redefinió los límites del centro.
Ser latino, en este contexto, no aparece como una etiqueta de marketing ni como un gesto de diversidad superficial. Aparece como una presencia que transforma los espacios que habita, desde los escenarios más grandes hasta la vida cotidiana. Una presencia que no pide permiso, que no se disculpa y que no se traduce para ser validada.
Y aunque no haya habido consignas ni discursos explícitos, lo que ocurrió en ese escenario fue profundamente político. Porque a veces, la política no se grita: se encarna.
Trump arremete contra el show de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl 2026
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generó una fuerte controversia al criticar la presentación del artista Bad Bunny en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl.
Trump calificó el espectáculo como “absolutamente terrible, uno de los peores de la historia”, en un mensaje difundido en redes sociales, en el cual aseguró que el show “no tiene sentido” y que representa una “afrenta a la grandeza de Estados Unidos”. Según sus palabras, la presentación no habría estado a la altura de los estándares de creatividad, éxito o excelencia del país.
El presidente, criticó el idioma de las canciones y las rutinas de baile, argumentando que “nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo” y calificando algunos movimientos como inapropiados para niños.
Las opiniones del expresidente se extendieron también a los medios de comunicación, a los que acusó de otorgar críticas favorables sin comprender la “realidad” del evento.
¿Qué dicen los expertos?
Clara Rodríguez, PhD, profesora de sociología en la Universidad de Fordham y experta en la representación latina en los medios, afirmó en Forbes que las críticas revelan algo típicamente estadounidense: «nuestra incomodidad con el multilingüismo».
En declaraciones a Fordham Now, Rodríguez señaló que Bad Bunny ha alcanzado el éxito sin cambiar ni adaptarse a la cultura pop blanca, predominantemente angloparlante. «Canta en español y ha expresado abiertamente sus opiniones políticas», añadió.
Por su parte, la Dra. Joanna Love, profesora de música en la Universidad de Richmond, también habló para Forbes y enfatizó el Super Bowl se ha convertido en algo más que un partido de fútbol. Hoy es uno de los escenarios culturales más influyentes del mundo, una “ventana a cómo la cultura estadounidense negocia el poder y la pertenencia en tiempo real”.
Como uno de los artistas más populares y con mayor audiencia a nivel global, Bad Bunny se ha consolidado como una figura de renombre en la cultura estadounidense, transformando las conversaciones sobre el idioma y la identidad. Su premio Grammy al Álbum del Año evidenció su alcance internacional, al convertirlo en el primer artista que canta principalmente en un idioma distinto al inglés en recibir este reconocimiento.
Love añade que la audiencia de la NFL ha cambiado de manera significativa, impulsada tanto por su expansión global como por el auge del streaming. En declaraciones a UCLA, afirmó: «Los artistas hispanohablantes ya no tienen que cruzar fronteras como antes. El público ya conoce la música
Fuentes:
- Transmisión oficial del Super Bowl: https://espndeportes.espn.com/futbol-americano/nota/_/id/16279310/super-bowl-2027-como-ver-espn-calendario-datos
- Declaraciones de los expertos en Forbes: https://www.forbes.com/sites/laurasirikul/2026/02/08/how-bad-bunnys-super-bowl-halftime-performance-celebrates-america/
- Declaración de Donald Trump: https://x.com/RapidResponse47/status/2020679333765878130?s=20

