En una entrevista exclusiva concedida a The New York Times y publicada el 13 de febrero de 2026, Gisèle Pelicot ofrece por primera vez su relato personal y detallado sobre el caso que conmocionó a Francia y al mundo: durante casi una década fue drogada y violada repetidamente por su esposo, Dominique Pelicot —a quien se refiere exclusivamente como “Monsieur Pelicot”—, quien además invitó a al menos 70 hombres a abusar de ella mientras permanecía sedada, grabando los actos.
El horror comenzó en 2011, pero Gisèle no lo descubrió hasta 2020, cuando la policía detuvo a su esposo por filmar subrepticiamente bajo las faldas de mujeres en un supermercado de Carpentras, cerca de su hogar en Mazan (sureste de Francia). La investigación reveló cientos de videos y fotos que documentaban los abusos sistemáticos contra su esposa.
En su memoir “Himno a la vida: la vergüenza debe cambiar de bando”, que se publicará el 17 de febrero de 2026, y en esta extensa conversación de casi tres horas en París —la primera con un medio estadounidense—, Pelicot explica su decisión de renunciar al anonimato y hacer público el juicio de 2024 contra los agresores. Esa elección la convirtió en un símbolo feminista en Francia, impulsando demandas de reforma en las leyes de consentimiento.
Gisèle describe una vida aparentemente idílica antes de la revelación. Tras jubilarse a los 60 años, se instaló con su esposo en Mazan, en una casa que llamaban “la casa de la felicidad”, rodeada de olivos, cigarras y una piscina donde jugaban los nietos. “Pensé que tendría una jubilación feliz con Monsieur Pelicot”, relata. “Vivía una vida plena, feliz. Tenía esta joie de vivre con él. Todos nuestros amigos y familia lo querían. Era siempre dispuesto a ayudar, atlético. Solo conocía a un hombre amable y cariñoso. Lo cual es aterrador”.
Conoció a Dominique en julio de 1971, ambos con 19 años. “Era un chico tímido, siempre sonrojado”, recuerda. Se casaron jóvenes pese a la oposición familiar y construyeron una familia en los suburbios de París. “Éramos enamorados. Queríamos formar una familia. Dicen que las historias de amor no terminan bien, y la mía terminó mal 50 años después. Pero aun así, me aferro a los buenos momentos de esa vida”.
A partir de 2011 comenzaron los “apagones” inexplicables. En 2013, ya jubilada, los episodios se intensificaron. “No recordaba la noche anterior —ver una película, lavarme los dientes, cosas cotidianas”, cuenta. En una ocasión, al notar manchas en su ropa, confrontó a su esposo: “Doumé, ¿no me estarás drogando, verdad?”. Él lloró y respondió: “¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo? ¿En qué me estás convirtiendo?”. “Su respuesta me descolocó por completo y terminé pidiéndole disculpas yo”, admite. “Mi subconsciente había detectado algo, pero lo enterré”.Confió plenamente en él. “Siempre pensé que este hombre me protegería”, dice. “Me decía que era el amor de su vida. ¿Cómo puedes tratar así al amor de tu vida? Es impensable”. Incluso cuando los médicos sospecharon un ministroke o Alzheimer precoz, Monsieur Pelicot la acompañaba a las consultas y minimizaba los síntomas.
En 2020, tras su detención por los videos en el supermercado, ella le ofreció ayuda: “Te ayudaré, necesitas ver a alguien. Vas a disculparte con esas mujeres”. Él prometió no repetirlo. “Lo creí, y eso es lo que me aterra todavía hoy. ¿Cómo pudo mirarme a los ojos y hablarme así?”.Hoy, tras el juicio y la escritura del libro, Pelicot afirma haber reconstruido su vida. “Cuando escribí este libro quería que fuera útil. Me permitió mirar hacia dentro, hacer balance de mi vida y tratar de reconstruir desde las ruinas”, explica. “Cuando se escuchan los hechos del juicio, uno ve a esta mujer y se pregunta: ¿cómo sigue en pie? Necesitaba transmitir que sigo siendo una mujer que se mantiene erguida”.

