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Investigadores identificaron cuatro especies de tiburón en productos vendidos como pescado blanco en Quito, Ambato, Ibarra y Cuenca.
Un estudio científico publicado en la revista Frontiers in Marine Science reveló que casi la mitad del pescado vendido como “corvina” en mercados ecuatorianos corresponde en realidad a carne de tiburón, en un patrón que se concentra en ciudades de la Sierra y que involucra especies amenazadas y una protegida por la legislación nacional.
La investigación, titulada “Molecular identification of shark meat sold in Ecuadorian markets labelled under different names”, analizó 97 muestras de pescado fresco adquiridas entre junio y septiembre de 2023 en seis ciudades del país: Quito, Ambato, Ibarra y Cuenca, en la región andina, y Guayaquil y Manta, en la Costa.
Los resultados mostraron que 46 de las 97 muestras, es decir el 47,42%, contenían ADN de tiburón. Sin embargo, la distribución no fue homogénea. En las cuatro ciudades de la Sierra, el 66,6% de las muestras analizadas resultaron positivas para tiburón, mientras que en Guayaquil y Manta no se detectó ninguna muestra con ADN de estas especies.

En Ambato, el porcentaje de muestras positivas alcanzó el 78,9%; en Quito, el 66,6%; en Ibarra y Cuenca, el 60%. Aunque los autores aclaran que se trata de un estudio exploratorio y no diseñado para hacer inferencias estadísticas a nivel nacional, los datos describen un patrón consistente en los mercados andinos.
Para identificar las especies, los investigadores utilizaron herramientas de biología molecular basadas en la amplificación de la región ITS2 del ADN mediante PCR, un método previamente validado para detectar productos derivados de tiburón . De las 46 muestras positivas, 45 pudieron ser identificadas a nivel de especie.
Las especies detectadas fueron Alopias pelagicus (tiburón zorro pelágico), Prionace glauca (tiburón azul), Carcharhinus falciformis(tiburón sedoso) y Sphyrna zygaena (tiburón martillo liso). Según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), Alopias pelagicus está catalogado como En Peligro; Carcharhinus falciformis y Sphyrna zygaena como Vulnerables; y Prionace glauca como Casi Amenazado.
El hallazgo resulta particularmente sensible en el caso de Sphyrna zygaena, cuya captura, desembarque y comercialización están prohibidos en Ecuador desde 2020, de acuerdo con normativa del Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca. Pese a esa protección legal, la especie fue identificada en los mercados bajo denominaciones genéricas.

El estudio contextualiza que Ecuador prohíbe la pesca dirigida de tiburones, pero permite la comercialización de ejemplares capturados como pesca incidental o “bycatch”, una categoría cuya definición y control han sido objeto de cuestionamientos. De acuerdo con investigaciones citadas en el artículo, más de 250.000 tiburones se desembarcan anualmente en el país bajo esa figura.
La investigación no determina en qué punto de la cadena de comercialización ocurre la sustitución de especies. Sin embargo, menciona estudios previos que documentan la movilización legal de carne de tiburón desde puertos como Santa Rosa, Manta y Esmeraldas hacia ciudades andinas, incluida Quito. La venta bajo nombres como “corvina”, un término que agrupa distintas especies de pescado blanco, dificulta que el consumidor pueda distinguir el origen real del producto.
Los autores advierten que la sustitución no solo tiene implicaciones ambientales, sino también económicas y sanitarias. En términos de mercado, especies como la brotula o ciertos tipos de “corvina” pueden venderse a precios superiores al del tiburón, lo que implica que el consumidor podría pagar más por un producto distinto al ofrecido. En el ámbito sanitario, investigaciones recientes han señalado niveles más elevados de mercurio en tiburones en comparación con otras especies comercializadas en Quito, lo que podría tener efectos adversos en mujeres embarazadas y niños.

El artículo también señala que varias de las especies identificadas están incluidas en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), lo que obliga a los Estados parte, incluido Ecuador, a garantizar que su comercio no comprometa la supervivencia de las poblaciones. En 2024, la Secretaría de CITES emitió una notificación relacionada con la aplicación del artículo XIII en Ecuador, en el contexto del comercio de tiburones y rayas.
Ante estos hallazgos, los investigadores plantean tres recomendaciones principales: implementar un sistema robusto de trazabilidad que permita seguir el producto desde la captura hasta el punto de venta; establecer monitoreos periódicos en mercados mediante herramientas genéticas rápidas; y fortalecer la educación pública sobre consumo responsable y pesca sostenible.

