Hasta marzo, 60 troles 100% eléctricos entrarán en funcionamiento. En el camino, varios de los articulados más antiguos serán ‘jubilados’ o chatarrizados. Este año será clave y aprovechamos para revivir la historia del Trole y su relación con la ciudad.
POR: Karen Mantilla Ulloa
El carrusel del tiempo no se detiene y nos sorprende con sus cambios constantes. Los niños crecen, los adultos dejan su legado y, mientras, las ciudades evolucionan. Quito no es la excepción.
Hace casi 30 años, el 17 de diciembre de 1995, como un guardián silencioso de las calles de Quito, un gran trolebus de color verde y blanco, con dos largas antenas llegó por primera vez a la ciudad. Su fuerte zumbido se hacía sentir y en cada parada recogía sueños apresurados y suspiros tranquilos mientras conectaba a los distintos barrios de la ciudad.
La idea nació mientras terminaban los años ochenta e iniciaban los noventa. Entonces, uno de los problemas que enfrentaba la ciudad era la movilidad y el crecimiento de su población. Ahora en pleno año 2025, la historia de la modernización, se vuelve a repetir, y Quito da un paso hacia la movilidad sostenible, con la incorporación del primer trolebús completamente eléctrico, que representará un compromiso con el medio ambiente. Por eso, este será un año crucial, un nuevo cambio de rumbo para el sistema Trolebús.
Pero, antes de dar paso a la nueva ‘modernidad’, Quito se despidió de sus trolebuses más antiguos, los pioneros, aquellos que durante tres décadas fueron testigos silenciosos de miles de historias. Y es que, en cada asiento gastado, en cada ventana marcada por el tiempo, quedaron impresas las memorias de generaciones de pasajeros.
Algunos de estos ‘gigantes’, que en un principio fueron diseñados para una vida útil de 15 años, superaron toda expectativa, sirviendo diariamente durante 26 y algunos hasta 30 años: estos pertenecían a los lotes históricos de 1995 y 1999. Hoy, luego de un proceso que duró algunos días, descansan con la satisfacción del deber cumplido.
Cortesía Empresa de Pasajeros Quito.
En total, 43 unidades han sido chatarrizadas desde el primero de enero de este año, según confirmó la Empresa de Transporte de Pasajeros de Quito. Sólo el 8 de enero inició la chatarrización de 31 trolebuses que cumplieron su vida útil y fueron dados de baja de la operación.
La actividad duró 10 días y para que este proceso se lleve a cabo fue necesaria la limpieza y evacuación de cada trole. Mientras pasaban los días, las latas fueron destruidas y, según la entidad, la mayoría de los troles que están chatarrizados contaban con motores híbridos, tanto a diésel y eléctrico, pero eso ya no funcionaba.
Cortesía Empresa de Pasajeros Quito.
Pero la vida para un poco más de 10 de estos grandes archiveros de historias no han tenido un final, pues han sido trasladados a algunos municipios, para que alguna institución pública les pueda dar un segundo uso. Actualmente, enfrentan un proceso de transformación o adaptación, para distintas funciones, como oficinas móviles, bibliotecas o espacios culturales. En ciertos casos, los modelos más emblemáticos, como el trole de 1995, se conservan como piezas de museo o en exhibiciones con el fin de preservar la memoria del transporte público en Quito. Y otros fueron donados a instituciones educativas o técnicas para ser usados en prácticas de mecánica y electrónica.
¿Cómo es la chatarrización?
Para los 31 chatarrizados, el proceso involucra varias etapas que aseguran el correcto desmantelamiento y reciclaje de materiales, así como la adecuada disposición de residuos.
Primero se hace una evaluación técnica para identificar las partes aprovechables y aquellas que deben ser desechadas. Posterior, entra a un proceso de descontaminación, en donde se retiran fluidos como aceites, líquidos de frenos, refrigerantes y baterías, para evitar la contaminación del medio ambiente. Luego, se da un proceso de desmontaje, en el que se clasifican las partes reutilizables, piezas reciclables y las no reciclables.
La entidad asegura que luego de ese tratamiento, los materiales reciclables se envían a empresas especializadas y los residuos peligrosos y no reciclables se entregan a gestores autorizados por la autoridad ambiental.
“Van a salir un total de 140 buses, el tiempo dependerá de cómo se vaya desarrollando esta actividad, pero la ciudadanía no tiene de qué preocuparse, porque el sistema del Trolebús no dejará de funcionar. Estamos cubiertos en todo momento. Este proceso era necesario, porque estos troles ya cumplieron su vida útil y su uso. No hay escasez porque están cubiertos con lo que tenemos actualmente, que son 200 troles”, aseguraron en la entidad.
La llegada del primer Trole
Esta es la coyuntura perfecta para recordar la historia. César Arias, experto en movilidad y uno de los pioneros del proyecto, recordó en una entrevista para Ecuador Chequea cómo esta iniciativa tomó forma en la década de los noventa.
El experto dijo que, con el inicio de la modernización y el notable crecimiento de la ciudad, la administración del alcalde Rodrigo Paz impulsó las primeras investigaciones sobre la planificación del nuevo transporte capitalino.
“La idea nació porque el señor Paz veía la necesidad de cambiar el transporte de la ciudad y, cuando yo estaba trabajando de profesor en el posgrado de transporte en la Universidad Católica, recibí una llamada de él, que quería conversar conmigo. En ese entonces, se quería hacer un tren metropolitano que circulara más o menos desde Machachi hasta Chimbacalle y de ahí hasta Cumayá y a Tumbaco. Pero luego de un largo estudio, se tomaron otras decisiones”, enfatizó Arias.
Él revisó muchos archivos y fue descartando ideas como la de un tren terrestre.
“Le dije a Paz que no existía tanta demanda y hacer un tren aquí va a ser sobredimensionado. Además, las rieles de estas hacen un zig zag y el tiempo de viaje va a ser muy grande y esa demanda se puede resolver con tres buses. Con esto se quedó admirado entonces y él (Paz) me dijo: ‘¿y qué hacemos?’. Le dije, hay que estudiar”, recordó Arias.
El primer trole llegó a Quito- Fotografía tomada del periódico El Comercio- 18 de diciembre de 1995. Digitalizada por la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit.
“Me reuní con varios profesionales muy jóvenes, que fueron fundamentalmente mis alumnos, hicimos un grupo y nos dedicamos a estudiar el tema del transporte. Revisamos algunas ideas, proyectos, ante proyectos, publicidades, proyectos comerciales que siempre dejan los empresarios que visitan al país y ahí empezó la creación de este gran hito”, recordó Arias.
El día de la inauguración más de 30.000 quiteños esperaban para subirse al nuevo medio de transporte. Fotografía tomada del periódico El Comercio- 19 de diciembre de 1995. Digitalizada por la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit.
En enero de 1990, Arias se volvió a la Alcaldía de Paz e inmediatamente, con los estudios previos empezó a analizar varias alternativas. En ese año viajó a la ciudad brasileña de Curitiba, donde tenía varios contactos y ya existía un sistema de transporte público con carriles exclusivos.
“Con base en la información que se recopiló, el 31 de marzo de 1991, presenté al alcalde Paz un proyecto para la construcción de carriles exclusivos. Con esto se llevó a cabo un modelo de simulación y se estableció la ruta por la que pasaría el trolebús”, contó.
Fotografía tomada del periódico El Telégrafo- 1995. Digitalizada por la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit.
Además, dijo que para que la idea se consolidara se realizaron encuestas a más de 6.000 estudiantes de los últimos años de los colegios Manuela Cañizares, Mejía, Montúfar, 24 de Mayo y otros.
“Una vez que el proyecto del Trolebús fue aprobado por el Concejo Municipal, también culminó la administración de Rodrigo Paz, pero meses antes de que terminara su gestión se efectuó la primera licitación para la adquisición de los troles. Cuando ingresó Jamil Mahuad a la Alcaldía se declaró desierto el concurso y se lanzó otro proceso. Hubo tres propuestas y ganó el consorcio hispano-alemán”, recordó Arias.
Fotografía tomada del periódico Últimas Noticias- 1995. Digitalizada por la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit.
Como resultado, en 1995 se inauguró el sistema Trolebús, marcando un hito en la historia del transporte urbano de Quito.
El primer día de operación del Trole, según las notas periodísticas revisadas por este medio de comunicación, hacía mucho sol y el exalcalde Jamil Mahuad fue el anfitrión, y estuvo acompañado del entonces presidente, Sixto Durán Ballén, quien fue el primero en subirse a la unidad de color verde agua.
En ese entonces, según Enrique Acosta, un quiteño de 59 años, los buses contaminaban en exceso y no les importó que rompieran las calles y que acomodaran todo para que pasaran los troles. También aseguró que la educación en los quiteños también cambió porque no estaban acostumbrados a hacer una fila para entrar a los alimentadores.
“Aquí en este sector de la escuela Sucre, el humo era insoportable. Aunque ahora, viéndolo en otra perspectiva, creo que hay más contaminación que hace 30 años. Pero, en ese tiempo, para nosotros lo que veíamos no era ‘normal’, los buses no tenían un control y cuando llegó el primer trole y ver que no había ese humo negro, fue un alivio. Que duró lo que tenía que durar, porque ahora sí no hay lugar donde no haya contaminación”, aseguró Acosta.
El quiteño recordó que el pasaje del trole hace 30 años costaba 600 sucres el pasaje; y en ese entonces, las máquinas que receptaron las monedas eran como un ‘sueño’, porque los quiteños que nunca habían salido del país no estaban acostumbrados a ver ese tipo modernidad.
Pero, también cuenta que tuvo que adaptarse a la dolarización. Pues, ya en el 2002, con el cambio del sucre al dólar, el pasaje era de 20 centavos.
“Era chistoso porque en la televisión había propagandas en donde nos explicaban cómo poner las monedas en las máquinas. Cuando recién llegaba uno, ponía los sucres con miedo y no sabía si estaba bien o no. Pero, ya luego nos acostumbramos y hacíamos todo rápido, ya con el cambio al dólar también fue otro cambio, ahí si nos demoramos más hasta entender cuántos centavos costaba”.
En 2008, la Empresa de Pasajeros de Quito, implementó fichas para pagar el pasaje. Actualmente su costo es de 0,35 centavos. Las fichas no existen y se ingresan las monedas que sumen esa cantidad en la máquina expendedora.
Clara Medina, una quiteña de 63 años, recuerda muy emocionada la primera vez que se subió al trole. Dice que ella lo tomó en la estación El Recreo, para ir a su trabajo en una cafetería del centro de Quito.
“Las primeras veces nos íbamos con mis amigas, entre risa y risa nos gustaba ir en la mitad del trole porque ahí había esa cosa redonda y en cada vuelta se movía. Eran buses nuevos, pero luego, con el tiempo, la gente los fue dañando. También era el único transporte que nos hacía llegar rápido”, dijo Medina.
Troles actuales estacionados en la parada Quitumbe. Fotografía: Karen Mantilla U.
Recuerda que en los pasillos del gran articulado se escuchaban todo tipo de historias. “Ir en el trole era bien interesante, cada día se escuchaba una vivencia, más de los chicos del colegio, que siempre contaban de sus amores o de las cosas que les pasaban en la escuela”, comentó.
Quito, acostumbrada a marcar hitos
Rememorar el pasado sirve para mirar el futuro: así como en 1995 Quito se sorprendió con la llegada de sus primeros trolebuses, ahora se prepara para escribir un nuevo capítulo histórico. Este año, la ciudad dará la bienvenida a 60 trolebuses 100% eléctricos, que recorrerán sus calles, y así volverán a transformarse.
Miden 18,24 metros de largo y pesan 19.700 kg. El rojo y azul impacta a simple vista, no es coincidencia que tengan los colores de la bandera de Quito y que, en su exterior, haya imágenes en donde están la Virgen de Legarda, el Churo de la Alameda, íconos como el Chocó Andino y el sol de Quito.
Además, tienen una capacidad de 160 pasajeros, 20 cámaras de videovigilancia, botón de pánico, pantallas internas y ruteros para información al usuario.
Fotografía cortesía Empresa de Transportes de Quito.
Fotografía cortesía Empresa de Transportes de Quito.
En una conversación con Ecuador Chequea, Xavier Vásquez, gerente de la Empresa de Pasajeros, de Quito, contó que este proceso de renovación era necesario. “Estos (articulados) no tienen un motor a combustión fósil, se alimentarán del tendido eléctrico que está en toda la línea de transmisión habilitada en la ciudad; es decir, se conecta a los cables y les da energía a los troles para que se puedan mover”, aseguró Vásquez.
Si se va la luz en la ciudad, esto no será un problema, pues todos los troles cuentan con baterías con autonomía de hasta 75 Km, que equivale a tres idas y vueltas desde El Recreo hasta El Labrador.
Estos nuevos troles formarán parte del nuevo bloque de buses modernos que, según el gerente, reducirán más de 8.640 toneladas de CO2 (dióxido de carbono) al año. Pero, además, cada trole dispone de 20 cámaras de seguridad y conexión inalámbrica con el Centro de Control para la realización de un monitoreo total y en tiempo real de cada unidad.
Con esta adquisición se espera que los alimentadores puedan ser usados por 20 años más.
Hasta el momento ha llegado una unidad de las nuevas. Según Vásquez, las 59 restantes llegarán a inicios de febrero. Estos, al igual que el primero, llegarán al puerto de Manta.
Una vez ahí, se hará un proceso de nacionalización y se verificará que cumpla la norma país. Luego serán traídos a Quito, en 12 lotes de buses. Y para los primeros días de marzo ya estarán todas las unidades en la ciudad.
La inspección y pruebas para que pueda salir a las calles de Quito
Para que el trole salga a las calles, se deben seguir algunos pasos
- Está el pesaje del vehículo, verificando la autonomía; es decir, que funcione 100% eléctrico.
- Revisión de las baterías.
- Pruebas con quintales de arena porque se necesita simular el peso con y sin carga.
- Mientras no haya pasado las pruebas no se lo puede poner al servicio de la ciudad.
- Informe de cumplimiento, en donde se revisan varias áreas técnicas.
Cuando se cumplan con todos estos pasos, la fecha tope para que los quiteños vuelvan a experimentar esta modernización será el 31 de marzo.
Arias considera que traer a los nuevos troles es una oportunidad de hacer crecer a la ciudad y que de nuevo sea un ejemplo para las demás ciudades de Latinoamérica. Además, insta a todo aquel que use el transporte a cuidarle y apropiarse de este moderno transporte.