Debajo del agua, existen paisajes que pasan desapercibidos a simple vista, aquellas estructuras de colores intensos, donde peces, crustáceos y decenas de especies se mueven como en una ciudad submarina. Estos son los arrecifes de coral, uno de los ecosistemas más importantes y más amenazados del planeta.
Para 2050, está previsto que el 90% de los arrecifes de coral del mundo sufran un blanqueamiento anual, según Coral Reef Alliance.
Desde 2019, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático identificó a los arrecifes de coral como el ecosistema marino en mayor riesgo por los impactos del cambio climático. El calentamiento de las temperaturas oceánicas, las tormentas más severas y la disminución del pH de los océanos impulsada por las emisiones de dióxido de carbono ponen en riesgo a las «selvas tropicales de los mares».
¿Qué son los arrecifes de coral?
Aunque a simple vista parecen plantas o incluso rocas de colores, los arrecifes de coral están formados por miles de animales llamados pólipos. Estos organismos marinos diminutos producen carbonato de calcio, una sustancia que, con el tiempo, se acumula y forma las estructuras sólidas que conocemos como arrecifes.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los arrecifes de coral son los ecosistemas más biodiversos del océano. Están presentes en más de 100 países y, aunque ocupan menos del 1% del fondo marino, albergan al menos el 25% de todas las especies marinas.
Su crecimiento, sin embargo, es extremadamente lento. Los corales masivos avanzan apenas entre 0,3 y 2 centímetros por año, y los ramificados pueden llegar hasta 10 centímetros. Formar un arrecife completo puede tardar hasta 10.000 años.
En Ecuador, los arrecifes y colonias de coral se encuentran principalmente en las Islas Galápagos. Uno de los más importantes es “La Calera”, considerado el arrecife histórico más extenso del archipiélago.
¿Por qué son importantes estos ecosistemas?
Más allá de su belleza, los arrecifes cumplen funciones clave para la vida marina y para las personas.
Según la Fundación Aquae, estos ecosistemas albergan una enorme diversidad de especies, peces, moluscos, crustáceos y esponjas, funcionando como refugios de vida en el océano.
También actúan como una barrera natural. Absorben la fuerza de las olas, reducen la erosión costera y protegen a las zonas tropicales de fenómenos extremos como huracanes. Además, son espacios donde muchas especies se alimentan, se reproducen y crecen, y ayudan a mantener el flujo de nutrientes en el mar.
Pero su importancia no se queda en lo ambiental, también sostienen economías y comunidades enteras.
Fuente de alimento y turismo
Más de 500 millones de personas en el mundo dependen directamente de los arrecifes de coral, según Coral Guardians. Esto incluye a unos 40 millones de pescadores y representa cerca del 8% de la población global, especialmente en países en desarrollo.
Los arrecifes son una fuente clave de alimento. Aportan alrededor del 10% del pescado que se captura a nivel mundial, una cifra que puede subir al 20-25% en países en desarrollo y hasta el 70-90% en el sudeste asiático.
Cuando están bien gestionados, pueden producir entre 5 y 15 toneladas de especies marinas por kilómetro cuadrado.
Además, son un imán para el turismo. Miles de personas viajan cada año para ver de cerca estos ecosistemas y su biodiversidad. Según Coral Reef Alliance, el turismo vinculado a los arrecifes genera alrededor de 36 mil millones de dólares anuales y sostiene millones de empleos en sectores como hoteles, restaurantes y transporte.
¿Por qué están en riesgo?
A pesar de su importancia, los arrecifes enfrentan múltiples amenazas, principalmente por el cambio climático y la actividad humana.
El aumento de la temperatura global, que hoy ya supera en más de 1,4 °C los niveles de antes de la industrialización, está provocando el blanqueamiento de los corales. Este fenómeno ocurre cuando los corales, afectados por el calor, expulsan unas microalgas que viven en su interior y que son clave para su supervivencia, ya que les aportan la mayor parte de su energía y su color. Sin ellas, los corales se debilitan y pueden provocar la muerte de este ecosistema. A este problema se suma la acidificación del océano: al absorber dióxido de carbono, el agua se vuelve más ácida, lo que desgasta la estructura de los corales y dificulta que sigan creciendo.
Las actividades humanas también están afectando directamente a los arrecifes. La sobrepesca, sobre todo cuando se usan métodos destructivos como veneno o explosivos, daña el equilibrio de la vida marina. A esto se suma la contaminación: los desechos de la agricultura y la ganadería hacen que crezcan algas que pueden cubrir y ahogar a los corales. Entre las principales fuentes de este problema están los fertilizantes y el estiércol de fincas y jardines, las aguas residuales mal tratadas, y el agua de lluvia que arrastra suciedad desde calles y carreteras.
Además, cuando llueve, la tierra, el lodo y la arena que vienen desde el continente llegan al mar, ensucian el agua y terminan cubriendo los arrecifes, dificultando que crezcan.
¿Y en Ecuador?
En 1982, el fenómeno de El Niño eliminó el 97% de la cobertura coralina de las Islas Galápagos, dejando un ecosistema frágil y vulnerable.
Frente a este escenario, en 2021 nació el proyecto Galápagos Reef Revival, impulsado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos junto a instituciones científicas y de conservación como la Fundación Jocotoco.
El proyecto busca recuperar los arrecifes mediante la propagación de especies resistentes al cambio climático. Para ello, se recolectaron fragmentos de coral que se cultivan en viveros submarinos durante 9 a 12 meses y luego se trasplantan a zonas degradadas.
Hasta 2025, se restablecieron más de 6.700 corales de 50 variedades diferentes, según reportó la fundación. Sin embargo, el riesgo continúa. El fenómeno de El Niño de este año podría provocar un nuevo evento de blanqueamiento global. El Centro de Predicción Climática de Estados Unidos (NOAA) confirmó el 14 de mayo de 2026 que este fenómeno tiene una probabilidad superior al 50% de que se vuelva «fuerte» o «muy fuerte» en algún momento entre septiembre y noviembre.

