A Mónika
Recuerdo que, en diciembre de 2024, en una reunión familiar, hubo una discusión sobre el caso de los niños de Las Malvinas. Alguien dijo “pero si ya aclaró el ministro de defensa que los militares no tuvieron nada que ver y que ellos (las víctimas) “no eran angelitos”” Buscando en los archivos de la web, encontré la rueda de prensa en la que Jean Carlo Loffredo tenía que pedir disculpas por la desaparición forzada de los niños. Irónicamente, en su discurso terminó amenazando a la jueza que decidió que debía pedía disculpas. Además, insistió en que “no hubo participación directa o indirecta de las fuerzas armadas” en el crimen. Dos años después, por disposición de la Corte Constitucional, el comandante de la Fuerza Aérea Ecuatoriana tuvo que, ahora sí, pedir perdón.
Aceptamos que algunas declaraciones públicas emitidas por el ministerio de defensa contribuyeron a estigmatizar a Josué, Ismael, Steven y Nehemías y sus familias. La respuesta oficial fue tardía, fragmentada y contradictoria, lo que vulneró el derecho de sus familias y prolongó su angustia.
4 de junio 2026
En abril de 2026, Loffredo, en entrevista con Carlos Vera, dijo que el ataque en la frontera con Colombia, específicamente en Sucumbíos, en la comunidad de San Martín, no había sido contra civiles sino contra un lugar de descanso del “Mono Tole” En contraste, Naciones Unidas publicó un boletín en el que confirma que cinco personas de la zona denunciaron que fueron torturadas dentro del operativo militar.
Estoy llegando a la conclusión de que, si lo dice un ministro, por ahí no es.
Por lanzar otro ejemplo al azar, la exministra Manzano dijo que estaba controlada la minería ilegal en Napo. Es cuestión de ir a terreno, nomás. En Tena, la violencia ha aumentado y hay maquinaria operando en cinco concesiones que, se supone, están clausuradas. Se han realizado las solicitudes de información y, como es de esperarse, nadie nos ha respondido desde el Ministerio de Energía y Minas.
“Se presume que la señora murió de suicidio. Se encontraron en el lugar los indicios necesarios para llegar a esa determinación” dijo, sin despeinarse, el ministro John Reimberg dos días después de la muerte de Mónika Silva. La Defensa ya ha dicho que, de acuerdo con informes preliminares, Mónika habría recibido un golpe pre mortem en la cabeza.
“Ella (Mónika) escribió palabras bonitas hacia él (a su pareja), que no tengo porqué comentarlas y que, sonaban un poco a despedida” Siguió diciendo Reimberg.
Ayer, en la comunidad de Tzawata-Ila-Chucapi, cantón Carlos Julio Arosemena Tola, provincia de Napo; 200 personas ingresaron de forma violenta a desalojar a los habitantes de esa comunidad ancestral por un litigio de tierras con una empresa que, aunque dice que se dedica al monocultivo, nació como empresa minera. Semanas antes de este hecho, Kambak Alvarado, el líder del pueblo, fue sacado de su casa, en la madrugada, por elementos militares que no explicaron a donde se lo llevaban. Al día siguiente apareció en la Corte Provincial de Napo. Fiscalía lo acusa de tráfico de armas. El caso sigue abierto. En Tzawata, por tradición, los guardias indígenas usan lanzas de madera.
Parecerían hechos aislados sin embargo todo tiene algo en común que deja el mensaje claro: las personas de la sociedad civil que se atreven a denunciar lo que pasa en su barrio, en su pueblo, en su comunidad, terminan silenciadas.
En su cuenta de X, la bio de Mónika decía “aún viva”. Mónica fue la primera mujer, persona, ciudadana del Ecuador enjuiciada penalmente por la máxima autoridad de la Contraloría General del Estado. Un organismo que debería supervisar, auditar y controlar el uso de los recursos públicos.
La Unión Europea ya se refirió a la muerte de Mónika, pidió una investigación exhaustiva y transparente.
Mónika amaba a sus hijas y era tan perseverante en sus denuncias y en su papel como activista anticorrupción que el perfil de suicida se vuelve inverosímil.
El superpoder de Mónika era su memoria. Una memoria que cargaba con cada caso de corrupción y sus actores, lo que le permitía atar cabos y tener cerrada y completa la historia de cada una de sus denuncias.
Que la dura e injusta muerte de Mónika nos invite a seguir ese camino de la memoria y del cuestionamiento al poder. Si uno grita, lo pueden callar. Si somos miles, ya es más difícil.
Los déspotas, los tiranos, los autócratas, los dictadores, los nacionalistas tratan siempre de quitarles la palabra a sus gobernados para que solo quede propaganda, liturgia del poder, símbolos, íconos, ritos, estereotipos repetidos hasta el infinito.
Roberto Saviano
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