La caída del Metro de Quito por una falla en comunicaciones dejó miles de afectados. Un experto consultado por Ecuador Chequea advierte problemas estructurales y de mantenimiento.
La suspensión del Metro de Quito durante siete horas durante la mañana de hoy no sólo paralizó el principal sistema de transporte de la ciudad, sino que dejó al descubierto fallas estructurales en su gestión técnica y generó un impacto “gravísimo” para miles de usuarios, advirtió el experto en movilidad César Arias.
Consultado por Ecuador Chequea, el especialista señaló que la interrupción que según la Empresa Metropolitana Metro de Quito habría sido provocada por una falla en los sistemas de comunicación aún sin causa confirmada, tuvo efectos económicos y sociales inmediatos que no están siendo dimensionados por las autoridades.
“No se está valorando el tiempo de viaje de los usuarios ni los costos que enfrentaron. Personas que normalmente pagan 45 centavos terminaron pagando hasta 8 o 10 dólares en taxi”, dijo.
Para Arias, el problema no es solo la falla puntual, sino el contexto en el que ocurre: un sistema que, según su análisis, arrastra deficiencias desde su concepción. Atribuyó parte de los problemas a la fragmentación de contratos de obra civil, operación, mantenimiento y recaudo, y a la falta de experiencia técnica local en la gestión de un proyecto de alta complejidad.
“El Metro es un sistema con tecnología avanzada que requiere asistencia internacional especializada. Aquí se optó por hacerlo con un enfoque de ‘sí se puede’, pero sin el conocimiento técnico suficiente”, afirmó.
Aunque el alcalde de Quito, Pabel Muñoz, no descartó un posible sabotaje y ordenó al gerente del Metro de Quito presentar una demanda ante la Fiscalía, Arias pidió cautela frente a esa hipótesis.
Consideró que, sin evidencia técnica concluyente, es prematuro atribuir la falla a una acción deliberada. “Hay que esperar el diagnóstico. Podría tratarse de una avería en los sistemas de comunicación, incluso en el cableado, que no necesariamente implica sabotaje”, explicó, a modo de ejemplo.
El experto también advirtió que este tipo de fallas pueden estar relacionadas con debilidades en el mantenimiento del sistema, un aspecto que, según dijo, no ha estado completamente consolidado. “Si no hay un mantenimiento bien estructurado, estos riesgos aumentan”, señaló.
Mientras las autoridades restablecían el servicio cerca del mediodía en 14 de las 15 estaciones, con excepción de la de Quitumbe, en el extremo sur, la ciudad enfrentaba los efectos de la paralización: aglomeraciones en los otros transportes municipales del Trolebús y Ecovía así como congestiones en las principales vías.
En terminales como Quitumbe, precisamente la que permanecía sin servicio del Metro, se registraron largas filas para acceder al Trolebús.El resultado: retrasos masivos en el inicio de actividades laborales y académicas.
Así, las propias autoridades estimaron en cerca de 100.000 los usuarios se vieron afectados durante la mañana.
Arias recordó que el Metro se ha convertido en un eje clave de la movilidad en Quito, por lo que cualquier interrupción tiene un efecto en cadena sobre toda la red de transporte. “Una persona que normalmente tarda minutos en llegar a su destino puede enfrentar demoras de hasta una hora o más sin el Metro”, indicó.
Además, vinculó este episodio con problemas que, según usuarios, se vienen registrando desde semanas atrás, como retrasos en la frecuencia de trenes.
Para el especialista, lo ocurrido este lunes debería impulsar una revisión profunda del modelo de gestión del sistema. Insistió en la necesidad de fortalecer la supervisión técnica, mejorar los contratos y garantizar apoyo internacional especializado.
“Estos son temas técnicos, no políticos. Hay que hacer las cosas bien porque el impacto sobre la ciudad es enorme”, concluyó.
Las autoridades municipales, por su parte, mantienen abierta la investigación para determinar la causa de la falla, mientras el sistema opera nuevamente casi en su totalidad.
En cualquier caso, ante la falta de servicio del principal transporte público de la ciudad, a miles de usuarios no les tocó más que improvisar.
Carlos Achig, que trabaja en un restaurante en el centro-norte, salió igual de su casa. Intentó buscar alternativas. Terminó subido en un taxi. Pagó siete dólares, más de quince veces el pasaje habitual, y aun así llegó tarde.
El tráfico, sin el Metro operando, ya estaba colapsado en la avenida 10 de Agosto, comentó a Ecuador Chequea.
Estudiantes universitarios testimoniaron que perdieron clases. Los trabajadores llegaron tarde o no llegaron. Otros pagaron más por movilizarse. Algunos caminaron largos tramos. La molestia creció a lo largo de la mañana, pero también algo más: la desconfianza. “Ahora sucede esto, pero ya desde hace algunas semanas hay muchas demoras, de por lo menos 20 minutos”, se quejó Carmen Alomía, estudiante de la Universidad Central.
El gerente del Metro de Quito, Juan Carlos Parra, explicó que hubo una interferencia en la señal que impidió que las comunicaciones de los trenes y de los 15 andenes llegaran al centro de control.
Según dijo, quedaron inhabilitados la central de cámaras, la comunicación por radio y otros sistemas clave para la operación. Bajo esas condiciones, añadió, no era posible iniciar el servicio comercial.

