El Instagram Live “Verificadores en vivo: ¿Cómo circuló la desinformación tras la supuesta captura y detención de Nicolás Maduro?” reunió a Debanhi Soto, fact-checker de Verificado México, y a Jeanfreddy Gutiérrez, coordinador de Cocuyo Chequea (unidad de verificación de Efecto Cocuyo), en un diálogo regional sobre la circulación transnacional de narrativas falsas, el uso de inteligencia artificial y los desafíos del periodismo de verificación en contextos de alta tensión política.
El espacio fue moderado por Yalilé Loaiza, editora general de Ecuador Chequea.
Un arranque marcado por rumores y vacío informativo
El inicio de 2026 estuvo marcado por un episodio de alta intensidad informativa: la circulación masiva de contenidos que aseguraban la captura y detención de Nicolás Maduro en Venezuela, acompañados de imágenes, videos y narrativas que sugerían una intervención militar en Caracas. En pocas horas, el tema cruzó fronteras, activó emociones políticas extremas y puso a prueba —una vez más— la capacidad de los ecosistemas informativos para distinguir entre hechos verificados y desinformación.
Los primeros contenidos comenzaron a circular de madrugada. Videos de supuestas explosiones en Caracas, conteos inflados de fallecidos y mensajes alarmistas se difundieron antes de que existiera confirmación oficial o periodística. Ese vacío inicial —combinado con la urgencia informativa— creó el terreno ideal para la propagación de información falsa.
Desde México y Venezuela, los equipos de verificación coincidieron en que las primeras imágenes virales fueron, en su mayoría, videos sacados de contexto y fotografías generadas con inteligencia artificial, presentadas como prueba de una captura que no había sido confirmada por ninguna fuente fiable. Incluso actores políticos y medios de comunicación tradicionales amplificaron algunos de estos contenidos sin aplicar procesos básicos de verificación.
Inteligencia artificial: el gran acelerador del engaño
Uno de los ejes centrales del diálogo fue el uso de imágenes y videos generados con inteligencia artificial. Fotografías de Nicolás Maduro escoltado por supuestos agentes estadounidenses, retratos con uniforme naranja de prisión o videos falsos que simulaban su traslado circularon ampliamente durante las primeras horas y días posteriores.
Los verificadores explicaron que, a diferencia de etapas anteriores, la inteligencia artificial actual ya no presenta errores burdos evidentes. Detectar el engaño exige análisis forense manual, conocimiento contextual —por ejemplo, qué instituciones pueden o no realizar determinadas operaciones— y contraste con información verificable. Las herramientas automáticas de detección son útiles, pero no sustituyen el criterio periodístico ni la contextualización.
Desinformación que muta y se recicla
El fenómeno no se limitó a un solo día. Las narrativas falsas fueron mutando y reciclándose: videos antiguos reutilizados como si fueran actuales, grabaciones de otros países presentadas como escenas en Caracas y cuentas dedicadas exclusivamente a generar contenido engañoso —especialmente en TikTok— continuaron alimentando la confusión días después.
Un patrón recurrente identificado fue la polarización algorítmica: contenidos diseñados para confirmar sesgos previos, tanto de audiencias pro-Maduro como pro-Trump. En ese entorno, la desinformación no solo engaña, sino que refuerza identidades políticas cerradas y reduce el espacio para el debate informado.
El valor del periodismo colaborativo
Frente a ese escenario, los participantes destacaron un elemento clave: la colaboración transnacional entre verificadores. A través de redes regionales, las redacciones compartieron hallazgos, verificaciones y pistas técnicas para evitar duplicar esfuerzos y responder con mayor rapidez ante contenidos virales potencialmente dañinos.
Este modelo —poco habitual en el periodismo tradicional competitivo— permitió frenar la circulación de desinformación altamente viral y ofrecer explicaciones contextualizadas a las audiencias en medio del caos informativo.
Lecciones para audiencias y periodistas
El encuentro cerró con un llamado claro:
• Pausa antes de compartir: las noticias de alto impacto emocional requieren más cautela, no más velocidad.
• Desconfiar de lo que confirma demasiado bien nuestras creencias previas.
• Aceptar que la verificación es más lenta, porque se basa en método, contraste y contexto.
• Elegir una dieta informativa equilibrada, incluso con medios que no refuercen nuestras afinidades políticas.
La frase que sintetizó el espíritu del encuentro fue contundente:
“Estamos aprendiendo a creer en la mentira y a dudar de la verdad. Es momento de invertir esa lógica.”


