La verificación de los 25 indicadores difundidos por Daniel Noboa revela no solo problemas de metodología y contexto, sino un patrón cuantificable: la mayoría de los datos comparativos presentan distorsiones relevantes. Las ponderaciones muestran cuánto pesa cada tipo de problema en la narrativa oficial.
El patrón general: qué tipo de problemas dominan la comparación
Del total de 25 indicadores presentados por el oficialismo, 22 presentan observaciones relevantes y solo 3 podrían considerarse correctamente comparados sin matices. La distribución por tipo de calificación es la siguiente:
El peso total de la narrativa
En varios indicadores clave, el gobierno de Daniel Noboa compara promedios multianuales del período de Guillermo Lasso con cifras puntuales recientes.
La narrativa oficial no se construye negando los datos, sino ordenándolos de forma que cuenten una historia conveniente: el pasado concentrado en sus peores cifras y el presente mostrado en sus mejores momentos. Esta lectura implica reconocer que sí hay mejoras reales, pero también que la forma de compararlas importa.
Cuando los números se usan sin explicar cómo se midieron, dejan de informar y empiezan a persuadir. Esa es la diferencia entre rendir cuentas y hacer propaganda con estadísticas.
Un ejemplo claro es el riesgo país: se muestra 1.275 puntos para Lasso (promedio entre 2021 y 2023) frente a 492 puntos en la “actualidad”, que corresponde a un día específico de enero de 2026. Cuando se aplica el mismo criterio, el promedio del riesgo país en el gobierno de Noboa ronda 932 puntos, y desde mayo de 2025 cerca de 721. La mejora existe, pero no es tan drástica como sugiere la tabla.
Lo mismo ocurre con las reservas internacionales. A Lasso se le asignan USD 7.467 millones, una cifra promedio que suaviza subidas y caídas, mientras que a Noboa se le atribuyen USD 9.795 millones, correspondientes a diciembre de 2025, uno de los puntos más altos de la serie. Comparar un promedio con una “foto” tomada en el mejor momento magnifica visualmente la diferencia, aunque la evolución real sea más gradual.
Algunos indicadores fueron calificados como imprecisos porque, aunque muestran una mejora real, las cifras usadas no coinciden con los últimos datos oficiales comparables.
En recaudación tributaria, Noboa contrasta USD 1.036 millones (Lasso) con USD 1.937 millones (actualidad). Los registros del SRI indican USD 1.282 millones en octubre de 2023 y USD 1.790 millones en noviembre de 2025. El aumento real es de USD 508 millones, no de USD 901 millones. Una diferencia de casi USD 400 millones que sí cambia la percepción del esfuerzo fiscal.
El caso del programa RAÍCES ilustra otro recurso narrativo: comparar por nombre y no por función. La tabla muestra USD 73 millones para Noboa y 0 para Lasso porque ese programa no existía antes.
Qué significa cada ponderación en términos reales
Engañosos (52%): el problema dominante
Más de la mitad de los indicadores caen en esta categoría. Aquí los datos existen, pero se presentan de forma que inducen a conclusiones erróneas. Estos indicadores construyen la idea central de “antes colapso / ahora recuperación”, aunque los datos completos muestran trayectorias más complejas.
Imprecisos (24%): la cifra no cuadra, aunque la tendencia exista
Casi 1 de cada 4 indicadores es impreciso. Aquí sí hay una tendencia real, pero las cifras usadas no coinciden con los datos oficiales comparables. Aunque no inventan resultados, exageran la magnitud del cambio, lo que altera la percepción pública.
Falsos (12%): datos que no existen en ningún registro oficial
Tres indicadores utilizan cifras que no corresponden a ningún cierre anual, promedio ni serie histórica oficial. Estos datos rompen el piso mínimo de exactitud y afectan directamente la credibilidad.
Inverificables (12%): cuando no hay datos abiertos
Tres no pueden comprobarse porque no existen bases de datos públicas completas. No prueban falsedad, pero impiden verificar el relato.
Más allá de las cifras: qué nos dicen estas ponderaciones
Las ponderaciones muestran que no se trata de errores aislados ni de simples deslices técnicos, sino de un patrón sistemático de construcción narrativa. El pasado se resume en sus peores cifras, mientras el presente se exhibe en sus mejores momentos; los criterios de medición cambian sin advertirse; y, cuando conviene al contraste visual, se recurre a ceros, promedios opacos o agregados no explicados.
El resultado no es una comparación honesta de gestiones, sino una puesta en escena de los datos para reforzar un relato político.


